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23 nov. 2010

TOMAS BOBADILLA BRIONES.


TOMAS BOBADILLA BRIONES.
Fuente: Ramón Lugo Lovaton, Notas sobre Tomas Bobadilla Briones, Listín Diario, Sto Dgo, 13 y 29 de noviembre 1933, y la Nación, 14 y 22 de septiembre; 4, 20 y 29 de octubre 1946
Por espacio de sesenta años (1811 a 1881), el hombre terrible de las cámaras palaciegas presidenciales, confidente de todos los grandes mandatarios dominicanos, de algunos de Haití y otros de España: arca de misterios en las cosa públicas, Sargazo sin oleaje donde concurren a dialogar vidas y haciendas ajenas: faro de perversos y apoyo de revolucionarios; lente que, como ninguna otra enfoca con serenidad los problemas generales, y lupa colocada sobre el plano de la vida de todos los hombres.
Todo lo es Bobadilla; águila que se remonta y reptil que se arrastra; bálsamo que calma y veneno que corroe; luz que tranquiliza y sombras que espantan; calma que atrae y tempestad que mata.
Tomás Bobadilla Briones, el hombre de ayer, de hoy, de siempre, sin el no se puede contar la historia de la Nación Dominicana, en cada unos de los episodios está presente esta figura sin igual, sentado como un sacerdote pagano entre los altos picos de la fe en el ideal, lucha de luces y de sombras.
Hombre físicamente fuerte, espiritualmente acerado, sereno, calculador como una máquina de de pensar aplicada a la política. Catacumbas que atraen, océanos que se encrespan, cielos que se nublan. Este hombre es; mano que firma, voz que delata, ojos que escrutan, y cerebro que vigila. Era de aquellos hombres como decía José Martí, “se quedan despiertos cuando todos duermen”.
Goliat infatigable que cruza por el panorama político dominicano. Maquiavelo le hubiese dispensado el alto honor de su saludo.
Estamos en la presencia de uno de los hombres más extraordinarios, importantes, raros, y complicados de la historia nacional, cuya vida singularísima es casi desconocidos, aguarda paciente desde su desconocida y perdida tumba en Puerto Príncipe, Haití, el puesto que la posteridad ha de brindarle, para el bien o para el mal, o simplemente para el conocimiento de este hombre que tuvo un papel de primer orden en los acontecimientos que culminaron con la formación de la nacionalidad dominicana.
Tomás Bobadilla nació en el valle de Nayba el 30 de marzo de 1786, fueron sus padres: Vicente Bobadilla y Gregoria Briones, contrajo matrimonio civil en la ciudad de Santo Domingo, el 12 de marzo de 1832, con María Virginia Desmiet D´Olbreuse, mientras desempeñaba el cargo de Director de la Escuela Nacional. El matrimonio religioso tuvo lugar en La Catedral el día 30 del mismo mes.
Murió en el ostracismo, en la ciudad de Puerto Príncipe, Haití, el 21 de diciembre de 1871. Al cerrar sus ojos, llevaba la carga sobre sus hombros de 85 años de edad. A si terminaba la tenebrosa vida política es seis épocas distintas del acontecer de la República Dominicana: 1) España Boba, 2) Dominación Haitiana, 3) Estado Independiente de Haití Español,4) República Dominicana hasta 1860, y 5) Restauración y Periodo post restaurador hasta 1868 cuando se destierra a Bobadilla con el caído gobierno de Cabral.
Bobadilla, fue un hombre raro, complicado y enigmático. Su tarea política no logró nunca agotar ni su resistencia física ni su tremenda capacidad intelectual, valía, trabajando por varios hombres. Santana, le llamaba “Mi Ministro Universal”, Duarte, le llamaba con el caritativo irónicamente de “Pandora” pero lo consideraba un hombre extraordinario. La comparsa santanista le temía. Jiménez lo respetaba. Y desde los altos representante de la Iglesia Dominicana hasta los hombres más humildes del pueblo, lo miraban con mezcla de admiración y recelo.
Nadie como Bobadilla llego a sembrar durante las décadas en que actuara, mayores dudas y mejores esperanzas, porque supo infundir miedo y terror a veces, porque era capaz de hacer favores y de saber ofrecer sus servicios sin comprometerse, actuando siempre con discreción y cautela.