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1 ago 2011

Doble atentado en Noruega

El Mundo
Doble atentado en Noruega
Las derechas terroristas
Tras la masacre en el país nórdico quedó nuevamente en evidencia cómo analistas y medios hegemónicos occidentales construyen apelan e imponen una cosmovisión donde “terrorismo” es sinónimo de “árabe”, “musulmán” o “islamista”.
Por David Garcia | Desde la Redacción de APAS
30|07|2011

Anders Behring Breivik, el ultraderechista y xenófobo que llevó adelante el doble atentado en Noruega, reveló ante el juez que perpetró la matanza con la colaboración de dos células.

“Hay dos células más en nuestra organización”, confesó Breivik, y descartó haber llevado adelante la matanza en soledad, algo que había manifestado el viernes 22 cuando fue detenido por la policía.

Pero la declaración de Breivik no fue lo único que cambió en las últimas horas. La policía advirtió que finalmente el número de víctimas fatales es de 76 y no 93, como se había notificado, aunque estas cifras continúan siendo provisorias.

Desde la policía señalaron que los muertos en la isla de Utoya fueron 68 y no 86; mientras que la bomba que explotó en el edificio gubernamental de Oslo provocó ocho fallecidos, y no siete como se había señalado en un primer momento.

Por otra parte, el servicio secreto noruego (PST) quedó en el ojo de la tormenta al conocerse que Breivik figuraba en una lista desde marzo, luego de adquirir productos químicos (fertilizantes) en gran cantidad.

Sin embargo, para Janne Kristiansen, jefa del PST, esa compra “no fue indicio suficiente para realizar una investigación más exhaustiva”.

El primer ataque terrorista se produjo alrededor de las 13, cuando una bomba estalló en un complejo gubernamental de Oslo, donde Jens Stoltenberg, primer ministro noruego, tiene su oficina. Como resultado del estallido ocho personas murieron y varios edificios sufrieron destrozos.

Cuatro horas después, Breivik, disfrazado de policía, llegó a la isla de Utoya, donde unos 600 jóvenes llevaban adelante un campamento juvenil socialdemócrata que esperaba para el sábado la visita del Primer Ministro.

Ya en la isla, Breivik atrajo a sus víctimas diciéndoles que iba a informarles del atentado que se había llevado adelante en Oslo. Una vez reunidos, Anders Behring Breivik comenzó a disparar, provocando la muerte de 68 personas.
Stoltenberg consideró al doble atentado como la “peor tragedia desde la Segunda Guerra Mundial”.

Y durante el funeral masivo, el premier advirtió: “Vamos a responder a los atentados con más democracia, más apertura, más humanidad, pero sin ingenuidad, porque Noruega es un país pequeño, pero tiene un pueblo que no abandonará sus valores”.

Los “otros”

Cuando la noticia del doble atentado en Noruega comenzó a circular por el mundo, el viernes 22 de julio, los analistas y principales medios de comunicación hegemónicos no dudaron en vincularlo con el mundo islamista debido a que Noruega integra el contingente que la OTAN mantiene en Afganistán.

De esa manera, los analistas y principales medios de comunicación difundieron la noticia en base a una lógica tan simplista como funcional basada en la idea de que todos los terroristas en occidente son musulmanes.

Sin embargo, con el correr de las horas y al descubrirse que quien había perpetrado la matanza era un joven de creencias occidentales que odia profundamente al mundo musulmán, no tardaron en tildarlo de “extremista cristiano”, de “loco”.

¿Pero puede ser tildado simplemente de “loco”? Breivik es producto de una Europa que lentamente (o no tanto) se vuelca cada día más hacia una extrema derecha ortodoxa, o en su variante populista.

El de la derecha populista es el caso del Partido del Progreso noruego, en el que militó Breivik; un partido islamofóbico cuyo combate se basa en la lucha contra la inmigración.

El Partido del Progreso logró el 23 por ciento de los votos en las elecciones de 2009, consolidándose como la segunda fuerza del país nórdico. Pero esta es una tendencia que trasciende las fronteras noruegas y se expande por el resto del continente.

En Europa, 19 países tienen partidos de ultraderecha con representación parlamentaria, tales los casos de Holanda, Austria, Francia, Dinamarca, Rumania, Finlandia, Lituania y Estonia, entre otros.

Por otra parte, los gobiernos de Italia y de Francia son el fiel reflejo del accionar de las extremas derechas en el poder: la deportación y persecución de gitanos y la creación de grupos parapoliciales para patrullar las calles, son solo algunas de sus medidas más usuales.

América Latina se proyecta en el comienzo del siglo XXI a partir de gobiernos nacionales y populares; y su contrapartida se encuentra del otro lado del Atlántico: una Europa que se vuelca hacia una extrema derecha islamofóbica y racista.