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1 jul. 2009

JUAN SANCHEZ RAMIREZ




JUAN SANCHEZ RAMIREZ
1762-1811
Escrito de Joaquín Balaguer. Juan Sánchez Ramírez, en su obra Los Próceres Escritores. Buenos Aires, Gráfica Guadalupe, 1971, pág. 57-61. Reproducido en el cuaderno Antología literaria dominicana, IV Discursos, Semblanzas, Ensayo 1981
Juan Sánchez Ramírez merece, acaso más titulo que muchos otros próceres de formación intelectual más completa, una mención señaladísima en la historia de las letras dominicanas. Independientemente del valor histórico que tiene como acopio de datos sobre la gestación y el desarrollo de la grandiosa hazaña de la Reconquista, las páginas de su DIARIO están llenas de expresiones enérgicas de reflejan con fidelidad los sentimientos y el carácter del héroe de Palo Hincado.
Poseen estos apuntes de Sánchez Ramírez, como todas las obras escritas sin escrúpulos de carácter literario. Una vivacidad que rara vez se encuentran en obras de ejecución más cuidadas. Tienen todavía un encanto mayor que resulta de la circunstancia de haber sido compuestos con férrea elocuencia, la única que pudo asistir a un prócer de pocas letras, pero de temple verdaderamente espartano.
Juan Sánchez Ramírez, tal vez el dominicano de genio militar más brillante y más completo, se exceptúa a Máximo Gómez, sin émulo en la historia como conductor de guerrillas, escribió su DIARIO con sequedad, desechando deliberadamente todo juego de frases como cosa indigna del pensamiento de un soldado
No deja de causar asombro, sin embargo, la soltura con que se expresa y el arte tosco, pero enérgico, con que agrupa los párrafos, no menos sumisos a su voz atontaría que los propios cuerpos de lanceros que solían obedecerle ciegamente en la función armada. La descripción que hace Sánchez Ramírez, de la Inmortal batalla de Palo Hincado, es sin duda incorrecta, bárbara a veces en su sintaxis y en su estilo, pero está escrita en prosa vigorosamente articulada.
Es notable esta página imperecedera, porque no contienen más de ocho o diez adjetivos, y estos mismos se encuentran usados con tal arte que no podrían moverse del sitio en que fueron puestos sin que el relato perdiera su agria elocuencia y su fisonomía majestuosa. Los pocos epítetos que emplea el héroe d la Reconquista se hallan premisamente en el único sitio de su extraño y singular relato de donde no podían hallarse ausentes algunos vocablos de esa clase: en la parte donde resume la arenga que dirigió a sus tropas segundos antes de iniciarse la acción de Palo Hincado
´´ Luego que dos dragones que tenía avanzados para la descubierta, dieran el aviso de que ya se avistaba el enemigo, poniéndome delante de mi tropa le hice un pequeño discurso acerca de los laudables y poderosos motivos que debían compelernos a derramar la última gota de sangre contra las del pérfido Emperador de los Franceses, haciéndole ver que de la entereza para vencer en el primer encuentro de una fuerza que traía a su cabeza al mismo Capitán General, dependía nuestra fortuna, el honor de las armas españolas las siempre invictas y la facilidad de arrostrar y destrozar cuanto se nos opusiese en lo sucesivo.(1)
La sobriedad, algo seca, de esta soberbia pieza descriptiva, notable hasta por sus mismas incorrecciones que constituyen a hacer más nítida la impresión de que nos hallamos en presencia de un guerrero, poseído aún, cuando escribió su apasionante relato, por el fuego de la batalla, no es el único digno de admiración en los apuntes de este reconquistador victorioso.
Sánchez Ramírez, narra con sequedad, pero sin caer en repeticiones ni extender el relato con desarrollos innecesarios. Definitivamente podrían añadirse a la historia del periodo de la Reconquista datos que no están ya contenidos en el DIARIO del héroe de esa inolvidable jornada: así es de densa esta narración sin epítetos, sin redundancias retóricas, sin anotaciones ociosas.
No es éste uno de los méritos menos dignos de atención en la prosa del celebre Capitán de los laceros: aún en los COMENTARIOS de César, modelo que no es posible olvidar cuando se habla de obras escritas por algún genio de la espada, por algún ´´ rayo de la guerra´´, para decirlo con palabras de la Epístola de la Moral, lo que más admiraba Cicerón era la desnudez del pensamiento apretadamente ceñido a la palabra como el cuerpo a la armadura.
Lo más significativo en los apuntes del DIARIO de Juan Sánchez Ramírez, no es el sentimiento espartano del guerrero a quien repugna la Molicie de la frase y la frondosidad de la expresión oratoria, sino la sencillez con que se refiere a su hazaña y del dominio de tuvo el narrador sobre sí y sobre sus pasiones.
El héroe habla sin petulancia de su victoria y en cuantas frases aludes a los militares del campo adverso, asoma el espíritu caballeresco de su raza. Cuando habla de la batalla en que fueron vencidas las tropas francesas, dirigidas en aquel encuentro por oficiales que habían hecho la guerra en Europa, al servicio de Napoleón, nos da una idea del desastre de que fueron entonces víctimas las águilas imperiales con su brevedad característica; El destrozo de Palo Hincado. (2)
Si a alguien insulta alguna vez no es al general Ferrand, su émulo en la acción que dirigió el destino de la Reconquista, sino al propio Bonaparte, símbolo para él de todas las injusticias humanas: ´´…..La Restauración de nuestra patria afeada, pisada y abatida por los secuaces del Tirano de Europa´´, (3)
Guerrero de alma romana, y soldado hasta la última fibra, Sánchez Ramírez, no se frunce siquiera cuando narra con naturalidad desconcertante escenas tan terríficas como la de la hazaña de los cincuentas dragones que pasearon en una pica la cabeza del general Ferrand sobre los mismos campos por donde huyó vencido aquel francés pundonoroso:´´ avergonzado de considerar vencida y destruida enteramente la tropa que había traído para amarrarnos y conducirnos como bestias, según había hecho divulgar con arrogancia, se quitó la vida, después de haber corrido como una legua hasta don de lo encontró Santana…. Y cortándole la cabeza, se encargó la escolta de traerla como en triunfo, junto con el caballo que montaba´´.
El nombre de Juan Sánchez Ramírez, aun cuando deje de tenerse en cuento su DIARIO que es obra de singular importancia histórica pero de poca o ninguna significación literaria, no puede omitirse en la historia de las letras nacionales. La Reconquista fue, en efecto, antes que una hazaña patriótica o que una proeza militar,, un acto de preservación de la cultura dominicana que se hubiese extinguido en la isla si aquella acción no hubiese reafirmado oportunamente nuestros lazos espirituales con España. Tas la familias que emigraron en 1795, poco después de suscrito el tratado mediante el cual el gobierno español cedió a Francia la más antigua de sus posesiones ultramarinas, hubiera desaparecido a la postre en el país hasta el último vestigio de la cultura traído a Santo Domingo por los conquistadores.
Si la cultura nacional, de extracción medularmente española, sobrevivió al contacto con la barbarie haitiana, fue sin duda porque nuestras tradiciones espirituales eran más poderosas que las que hubieran podido en ese momento oponerles los usurpadores. (4)
Cuando cesó la ocupación haitiana, la tradición cultural del país renació con más fuerza que nunca porque las hordas invasoras fueron impotentes para extinguir esa plata de raíces cuatro veces centenarias: los dominicanos sabemos hasta qué punto es cierta la célebre hipótesis del Conde de Gabineu, quien afirma que si Roma hubiera sido vencida en Zama, la suerte del mundo no hubiese experimentado ningún cambio y la historia universal, momentáneamente detenida, hubiese readquirido a la postre su curso anterior, gracias a que la cultura de los soldados fenicios era infinitamente menos alta que la de los centuriones de Escipión
Pero si en vez de Haití, pueblo en muchos aspectos primitivo, hubiera sido Francia la que nos hubiera impuesto, junto con el poder de sus armas, sus direcciones espirituales, la cultura nacional hubiese fatalmente perdido al cabo de algún tiempo su cepa castellana.
Los lazos políticos entre Santo Domingo y la metrópoli se habían prácticamente extinguido mucho tiempo antes de que se iniciara la Reconquista: la hazaña de Sánchez Ramírez sólo logró infundir a esos vínculos una supervivencia precaria. Los que en realidad se reincorporo al tronco ibérico, después de haber renacido triunfante el Palo Hincado, fue la cultura dominicana, devuelta por el capitán de lanceros de Cotuí a su cause originario

(1)--- La descripción de la batalla de Palo Hincado, sobriamente hecha por el propio héroe de esa hazaña, puede leerse en la HISTRIA DE SANTO DOMINGO, de Antonio del Monte y Tejada, tomo II, Pág. 259-265. Repásense esas sietes páginas y verá que de los escasísimos adjetivos que contienen no hay uno solo que pueda considerarse ocioso
(2)--- V. Historia de Santo Domingo, de Del Monte y Tejada, tomo III, Página 264
(3)--- En otros lugares de su DIARIO vuelve a aludir, en tono peyorativo, al héroe de Austerlitz: ´´ Logré continuar la marcha al apuntar el día siete, en que combatiendo de un lado el furor y la rabia de los Napoleones que infestaban la Primada de las Indias… y de otro lado el amor y la fidelidad de sus naturales… ´´ ( 6 de noviembre; V. Historia de Santo Domingo, de Del Monte y Tejada, tomo II, página 260)…. Siendo el caudillo y motor de la gloriosa empresa de librar al pueblo de Santo Domingo del vergonzoso yugo del Tirano Napoleón….. (Op. Cit, pág. 271)
(4) para comprender hasta qué punto era imposible que la cultura dominicana pudiera ser sustituida por la de la soldadesca invasora, durante el oscuro período que Menéndez y Pelayo denomina ´´ la salvaje dominación galo-etiópica´´ (Antología de la poesía Hispanoamericana, t. 2, p. 77) bastaría recordar las famosas palabras de Augusto Conte; nada está destruido, sino está reemplazado´´ . Si resultan inútiles los esfuerzos de Haití para extinguir en Santo Domingo todo rastro de cultura española, fue porque afortunadamente los dominicanos crecían en ese momento (1822-1844) de una cultura superior con que suplantar la que intentaban destruir con medidas tan odiosas como la de la prohibición del uso, en los establecimientos de enseñanza y en los documentos oficiales la legua castellana