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30 abr. 2010

Los primeros aserraderos a vapor de la República Dominicana, se originaron en La Vega.

Los primeros aserraderos a vapor de la República Dominicana, se originaron en La Vega.
Fuente; Jovino A. Espinola Reyes, La Vega Histórica, Volumen II, La Máquina de aserrar, Ediciones Felilibro, Santo Domingo, 2009, pps. 93 al 95,
La Ciudad de la Concepción de La Vega, le cupo el honor de haber sido la primera ciudad de la República Dominicana, y de la isla donde se instalo una factoría que empelase el vapor para mover maquinarias, para aserrar madera. Ante de la anexión en 1859 en el gobierno de Pedro Santana, el revistero Dionisio de Moya y Porte trajo desde los Estados Unidos de América una máquina de aserrar para la industria maderera vegana
Según refiere Jovino Espínola, que le contó don Francisco de la Mota S. que esta fue introducida al país por el Puerto de Montecristi, y de ahí fue traída a la ciudad de La Vega, con miles de inconvenientes debido a lo escabroso del terrero y del largo trayecto de unos 140 kilómetros, para lo cual tuvieron que preparar el terreno, desechando pantanos y abriendo trochas, arrancadnos tocones y otros obstáculos que se presentaban a su paso, para que esta titánica jornada con tan pesado artefacto, emprendida desde ese puerto hasta el mismo corazón del país, La Vega
Prosigue relatando don Jovino Espínola, que aparece en su obra La Vega Histológica, volumen II, en su artículo La máquina de aserrar, pps. 93 al 98. Ediciones Fedilibro, Santo Domingo, 2009. Expresa. Se emplearon varios rústicos carretones construidos con ruedas macizas o rolos de algarrobos, de los que se emplearon más de cuarentas, lo mismo que un enorme personal, entre capataces y peonería, que trabajaron con denuedo y seriedad.
Este mecanismo al llegar a la ciudad de La Vega, fue depositado en el lugar denominado El Coco, un unos terreno perteneciente al Sr. Cristóbal Moya R. (toba), donde se levantó el aserradero que sería el primero en su género instalado en la República Dominicana, y se elaborarían madera a fuerza de vapor por vez primera en toda la isla de quisqueya. Para el montaje de esta novedad mecánica fue contratado por el padre Moya el ingeniero mecánico Arthur Lancaster, natural de New Jersey, Estados Unidos de América, quien en poco tiempo la instaló.
Esta factoría ofrecía madera en cantidad, puesto que el trabajo ejecutado por esta era de gran rendimiento, las trozas del oloroso pino cortadas en la loma del Guabal, que venían por la corriente del Río Camú eran muchas, y de todas las ciudades y poblaciones aledañas a La Vega se surtían de esta factoría. La vida de esta empresa fue efímera puesto que, habiendo estallado la guerra contra la anexión a España, en 1863, la factoría fue abandonada, hasta el 1886, fecha en que el diputado por La Vega, en el gobierno del general Ulises Heureaux (Lilís), don Sergio Arturo de Moya, solícita a Puerto Rico un ingeniero mecánico, y entre un grupo que se reunió, fue designado don Federico Basilis Álvarez, natural de Añasco,
Después de veinte años abandonada la maquina volvió a funcionar, siendo ahora su propietario Don Casimiro de Moya y Portes, hermano del padre Moya, además figuraban don Federico Basilis Álvarez, como técnico y don Francisco de la Mota S., como administrador.
Cuatro más tarde, en 1890, llegó a esta ciudad el norteamericano Mr. Thomas Beal Warden, Ing. Mecánico, quien trabajó en el aserradero de Moya. En 1892, los comerciantes don Silvestre Guzmán, don Zoilo García, y don Juan Ramón Sánchez trajeron la segunda maquina de aserrar, la cual fue instalada en el pie de la loma del Guabal, más tarde la maquina fue vendida a Mr. Warden, quien la traslado a la calle del Comercio, al oeste, frente al Cementerio Ornamental, donde estuvo hasta 1926.
Otros aserraderos.
La Vega tuvo varios aserraderos que le dieron madera al país entero y al exterior. En 1895, don Joaquín Gómez y Moya trajo la tercera maquina de aserrar, instalada al nordeste de la ciudad, cerca del Río Camú. Este aserradero llevaba el nombre La Dolores, en honor a la esposa de su propietario.
Don Zoilo García encargaba la madera al aserradero La Dolores, pero al no poder atender debidamente sus pedidos, resolvió traer el cuarto aserradero en 1896; tanto este como el de don Joaquín Gómez fueron instalado por don Federico Basilis Álvarez. Don Zoilo traía desde sus lomas las trozas de pino por arrastre, utilizando bueyes, hasta el batey de su aserradero.
Don Juan Ramón Sánchez, que poseía lomas de pinos, trajo el quinto aserradero en 1901, el cual llevó por nombre El Siglo XX, fue montado por don Federico Basilis Álvarez y don Domingo Suarez, don Juan abrió una trocha para el arrastre de los pinos por sus propiedades, colindante con la de don Zoilo.
En 1903, don Federico Basilis Álvarez. Instaló el sexto aserradero de su propiedad en El Puerto, entre Jarabacoa y la ciudad de La Vega.
En 1917 don Juan García Ceara y don José Heró instalaron el séptimo aserradero, en el paraje de El Pino, de esta jurisdicción.
En 1919, nuevamente el inquieto Mr. Warden montó el octavo aserradero.
Por el 1927, don José Sobá compró el de Juan García C., que trabajó con éxito.
Así fueron muchos los aserraderos instalados en La Vega, lo cual no han tenido otra provincia del país.
En cuanto a la ciudad de la Concepción de La Vega Real, conserva siempre su cetro de reina o sultana, perfumada por el bálsamo de sus pinares, que hasta allá llega desde sus montañas, en alas del viento, y por las fluidas corrientes de su cristalino y poético Camú, que por dos parte baña sus plantas. Así es la Vega.