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2 may. 2011

Economía y Política Día del Trabajador

La decisión y acción del Estado argentino fueron fundamentales en la recuperación del trabajo. A través de políticas activas, sectores excluidos de las prácticas laborales pudieron insertarse en el mundo del empleo. A la vez, se produjo un regreso al ejercicio de derechos lo cual implica, sencillamente, más y mejor democracia.
Por Daniel Gonzalez Almandoz








Economía y Política
Día del Trabajador
Razones para festejar, políticas para sostener
La decisión y acción del Estado argentino fueron fundamentales en la recuperación del trabajo. A través de políticas activas, sectores excluidos de las prácticas laborales pudieron insertarse en el mundo del empleo. A la vez, se produjo un regreso al ejercicio de derechos lo cual implica, sencillamente, más y mejor democracia.
Por Daniel Gonzalez Almandoz | Desde Mendoza, Argentina
01|05|2011
La situación del trabajo en el marco de capitalismo, sobre todo en los países dependientes, es uno de los temas redundantes en el establecimiento de las discusiones más diversas.

Aspectos como las formas de generación de empleo; las teorías en torno a “las dignificaciones” que provee el trabajo, o las características y condiciones que éste adopta en cada momento histórico son aspectos omnipresentes en nuestras naciones.

En el caso argentino, el trabajo aparece, además, como una instancia constituyente de la vida cotidiana de las clases populares. Al respecto se ensayaron diversas hipótesis con escaso grado de confirmación, como las que aducen que el énfasis y el interés en torno al trabajo es una virtud heredada de la condición inmigratoria nacional, ¡como si el vínculo al trabajo no se encontrara en los naturales de estas tierras!.

Más allá de las opiniones diversas en torno a la temática, lo cierto es que la conmemoración y homenajes contenidos en el Día del Trabajador de este 2011 se realizan en un contexto de reconstitución de lo laboral y de recuperación de derechos que ni siquiera las mezquindades de un año electoral podrán enturbiar.

Desde el año 2003 Argentina mostró una recuperación en el plano laboral que permitió revertir la condición de problema estructural en que se convirtió el desempleo durante el período de vigencia plena del modelo neoliberal, consolidado en la década de 1990.

Sólo por señalar algunos datos, de acuerdo al informe presentado en 2005 ante el Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo por el ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, y el secretario de Empleo, Enrique Deibe, la tasa de desocupación en 2002 trepaba al 21,5 por ciento. A esto se debe sumar las pauperizaciones establecidas en el empleo no formal y/o subempleo.

Para revertir esa situación fue fundamental la aplicación de políticas activas de para la generación de empleo y la regularización del trabajo no registrado, así como el avance en la mejora de las condiciones laborales.

A partir de medidas contenidas en estos lineamientos se pudo llegar a los niveles de la actualidad que permitieron que Tomada pudiese afirmar, como lo hizo a mediados de 2010 en el diario “Página 12”, que "la desocupación va a seguir disminuyendo" con una potencial reducción al 6,5 por ciento en diciembre de 2011, contra el 7,9 de aquel momento.

En la misma sintonía, y aportando datos al presagio del titular de la cartera de trabajo, los primeros días de abril de este 2011, la ministra de Industria, Débora Giorgi, señaló que Argentina tiene el doble de industria que en el 2003 con "un crecimiento acumulado de casi el 90 por ciento y un empleo industrial que creció al 70 por ciento”.

Sobre trabajo y derechos.

Un aspecto importante, y poco abordado, es el ligado al crecimiento del empleo en Argentina: la recuperación del ejercicio de derechos.

La posibilidad de incorporarse al mercado laboral, el crecimiento económico público y privado y el incremento de la demanda de mano de obra permitió que, junto a la mejora de las condiciones materiales de vida de miles de compatriotas, existiese una revalorización de la dignidad propia y colectiva. Se materializaron, si se quiere, las expresiones del filósofo argentino Arturo Roig acerca de que de que el sujeto se reconozca como valioso a sí mismo y de esa manera reconozca como valioso al otro. Esta consideración es una de las claves iniciales para la liberación latinoamericana.

Si las recetas de ajuste neoliberal provocaron una feroz caída en la materialidad del acceso al trabajo, igual de violento fue el golpe asestado en el imaginario obrero, lo cual se puede observar en 2 situaciones: la reducción del peso y el accionar de las organizaciones sindicales; y la escasez, casi convertida en ausencia, de reclamos y medidas de fuerza en reclamos de derechos laborales.

Siguiendo al docente e investigador Waldo Ansaldi, especialista en sociología histórica (o historia sociológica), en épocas de profundo desempleo el ejercicio de derechos laborales se reduce al conjugarse 2 situaciones: por un lado, la obvia situación de la imposibilidad de los desocupados de ejercerlos; y por otro, la instalación de un sentimiento de temor a la pérdida del empleo, que lleva a quienes tiene trabajo a desecharlos y postergarlos.

La recuperación del trabajo también fue la recuperación del derecho a reclamar más y mejor trabajo; con mejores salarios y en mejores condiciones. Y aquí se vuelve palpable la impronta de un Estado, también recuperado, y que entiende y asume el ejercicio de derechos como una aplicación de la democracia, que por momentos toma la forma de negociación; y muchas veces la de enfrentamiento o conflicto.

Es la emergencia de este último momento lo que permite afirmar que tanto el trabajo como los derechos laborales han recuperado su presencia en el contexto de las políticas públicas, a través de una ruptura por parte del Estado con los métodos anteriores, que conduce a la aceptación de la disidencia, marcado en la negación a la represión y la no criminalización de la protesta.