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6 feb. 2010
















SOBRE EL ARTE TAINO

Escrito por Darío Suro

Fuente; Discurso de Exposición de la primera Exposición del Arte Indígena, celebrado por el Instituto de Antropología de la Universidad de Santo Domingo- 1949, Santo Domingo
Publicado Cuaderno Dominicanos de Cultura 6 Núm. 62-75, octubre 1948-noviembre 1949, Editado Banreservas 1972, Sto. Dgo. Pág. 177 al 182

Debemos adorar como parte de nuestra propia entraña la antigua y sabia Cultura Taina. El Arte Indígena en el decir popular de todos los países americanos, se tiene como un sinónimo de imperfección,. Caso error, no sólo del pueblo sino de las personas mal llamada cultas.

El Arte Indígena es la única propiedad auténticamente americana, lo único que podemos llamar expresión autóctona americana, el Arte Taino fue el verdadero dueño y señor de estas tierras, aquí los exóticos somos nosotros. Desgraciadamente el europeo derruyó por ignorancia de los conquistadores, una de las culturas más avanzadas que registra la historia de las colonizaciones.

La forma Taina, como la maya, la azteca, está a la altura de artista de la forma de cultura de la antigüedad y sin exagerar, la imaginación formal n del artista indígena americano. Es comparable a la de los artistas de cualquier localidad o época.

Si nuestros artistas precolombinos fueron más bien ceramistas y escultores de pequeñas dimensiones; fue porque el clima y la pequeñez de nuestra isla se lo impedían. Los colosos y los grandes monumentos pertenecen a los continentes. Recordamos los colosos Egipcios, los Templos Mayas, y los monumentos Aztecas, ¡Pero que más no da!

El Arte no se mide por metros cuadrados, se mide por su esencia. Es una esfera del arte mismo donde hay que valorarlo. Bastemos percibir en las mejores piezas tainas, una claridad imaginativa de forma y una profundidad encerrada en el misterio de su contenido. También yerran los que creen ver en esas piezas especulaciones y distracciones adstratos. Si nuestro artista taino se paseó por las avenidas del cielo, fue después de vivir en las avenidas de la tierra.

La Cultura en la tierra que el hombre hace orgánica, dice Fronbenius. De ahí, que nuestro artista siempre deje en sus abras la huella antropomorfa como motivos esenciales de sus producciones. Su Arte emergió de la tierra y en la tierra se ha quedado. Pero eso, ese sabor de eternidad que se desprende cuando contemplamos una estatuilla, un amuleto o una vasija indígena taina. Se telúrico primero y luego hizo alaba su imaginación para viajar por regiones metafísicas

Dice Buchhkard, que “toda verdadera tradición resalta a primera vista enojosa, puesto que, y en la medida que, constituye algo extraño a nosotros”. Cierto, nuestros ojos no pueden ver claramente el fenómeno artístico taino. Máxime cuando somos productos de otra cultura. La occidental, todavía estamos viendo y sintiendo en griego. Su canon nos arropa totalmente.

La idealidad de su forma nos sorprende y nos subyaga por requiera estamos aferrado a la 7 cabezas y media de la estatuaria griega, pero afortunadamente, eso no es lo que encontramos en nuestro escultor taino. Este tuvo plena conciencia de su raza y de su tiempo.

Tiempo y destino son una misma cosa. Luego nuestro artista tuvo destino, esto es, hizo obra. Dijo lo que tenia que decir en espacio, de su tiempo; por otro lado, el artista taino, tuvo su propio canon. La libertad, en esto están muy cerca de el, y comparten su jerarquía los artistas contemporáneos.

Sensación extraña la que desprenden en las obras autenticas piezas reveladoras de un mundo geometrizado, desentrañado de todo el misterio de su mágico pensar. El símbolo
Las tres potencias espirituales; El Estado, La Religión y La Cultura estaban supeditadas a él.
Procuraron con justo sentido darle a sus obras ese calor humano, dable solamente para los pueblos de una cultura avanzada ecuménicamente. La geometría no fue únicamente un pretexto, sino el logro; su mejor expresión.

Lo más particular del Artista Taino fue la movilidad de su estilo y de su forma, junto al temblar inseparable de su contenido. Si el egipcio se atemorizo con la muerte, y vislumbró su imagen en un constante temor, fue porque tuvo miedo a la muerte. Con aquel embausamiento obtenía que el cuerpo no se derruyera. Deseaba perpetuar la vida. Así, la defendía.

El escultor azteca especuló sobre la muerte. En forma distinta, hasta llevar al altar de sus propósitos, como su profunda, verdadera y propia existencia.
Vivió un mundo “tremendum” contemplando la muerte. En el Arte Taino, por el contrario no aparece la imagen de la muerte. Quizás como signo aparezca disfrazada.
En las culturas centroamericanas y mexicanas, abunda por doquier, como su propio sustento espiritual. Por consiguiente, nos oponemos a la creencia de que nuestra cultura taina recibiera influencias directas de aquellas culturas. Si hubo contacto, ellas no recibieron influencias decisivas en el mundo cultural taino.

Muestro argumento vale por los conceptos expresados anteriormente porque, en realidad, la religión, el ritual, como quiera llamarse, en la primera posición, el punto de partida, de donde proceden las influencias de unas culturas sobre otras. En pocas palabras; la cultura taina hizo omisión total de la imagen religiosa y concreta de la muerte; claro esta en su forma figurativa. De aquí, qué no aparezca la máscara en la cultura taina.

La máscara nace inseparablemente relacionada con la idea de la muerte en distintas variaciones en su representante terrenal. Otro hecho que nos comprueba lo dicho, es que en ninguna figura taina ya sea zoomorfa o antropomorfa aparecen los ojos cerrados, (en cualquier forma estilizada que se le presente). La vida de los ojos la lograron con el círculo como sinónimo de lo eternamente vivo

Más admisible nos parece la tesis de Kricheberg, de que los tainos y caribes recibieron influencias de los indígenas norteamericanos de la Florida.
Cunado los escolásticos invocaron a la muerte, la invocaron IN ABSTTRATO, elevándola al cielo en unión con lo divino; La Mística, y esto es lo que presenciamos en el territorio del Arte Taino: La Mística, una mística geometrizada, un nuevo lenguaje místico con el triángulo y el círculo, una cultura triángulocircular.

Toda la forma taina se supedita a estos dos elementos geométricos. El Dr. Alberti Bosch, verdadero pionero en el ignoto y vasto campo de nuestra arqueología, como muy bien ha dicho el Dr. Días Mieses, proporcionó un gran número de nociones muy apreciables, no obstante, el fenómeno artístico taino, su forma, nos abre una inmensa interrogación. El que crea definirlo con escasos y falsos conceptos quedaras desterrado.

Quien considere analizar con investigaciones puramente antropológicas y axiológicas el tornasolado problema artístico taino, sin recurrir a la Psicología de la forma se verá defraudado. Los motivos esenciales de sus producciones son zoomorfos y antropomorfos. A veces se involucran hábil y discretamente unos con otros,. Implícitamente, por ejemplo; el búho no es el búho, hay una verdadera hibrides formal y conceptual.

Los motivos fitomorfos existen escasamente como bien ha observado el Dr. Días Mieses, en su magistral ensayo sobre “ la ALFARERIA INDIGENA DOMINICANA, de aquí, que la cultura taina se nos presente como una cultura no naturalista, sino el sentido decorativo de la flora, desde luego, senos revela, por otra parte, como una cultura eminentemente sexual, con inclinaciones a representar casi siempre la fecundidad maternal

Recordamos la hermosa vasija que representa una carita de mujer rodeada de dos senos enorme y la insistencia marcadísima de repetir esta idea en otras piezas de cerámica antropomorfa.
Sumariamente, el artista taino fue un esclavo de la forma.
Alguien dijo, que “determinados pueblos y determinadas épocas muestran un talento especial y una especial predilección por determinados campos de la cultura” “la predilección, sin duda alguna del artista taino, fue la cerámica y la escultura” todas las épocas tienen invariablemente un distintivo, una se caracterizan por el caos, otras por los avances logrados en la ciencia y en la especulaciones filosófica y otras la más, por la esterilidad del pensamiento y la negación total de la belleza