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2 abr. 2009

EXPANSIÓN DE SANTO DOMINGO (1670-1795)

EXPANSIÓN DE SANTO DOMINGO (1670-1795)
FUENTE PARA ESTE ARTÍCULO DE LO ESCRITO
Por MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ.
PROFESOR TITULAR DE HISTORIA DE AMÉRICA DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA, Canarias, España.




La absurda medida de devastar en 1605 y 1606 las villas de la banda norte de la isla sumiendo a la española en un estado de postración económica y social. Un censo de ese último año daba unas 3.000 personas blancas para la colonia, mientras que los esclavos se elevaban a 10.859. El miserable estado de la colonia y con ello su despoblación fue cada día más evidente.
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En 1663 el Capitán General de Canarias Jerónimo Quiñones propone el poblamiento de Santo Domingo con familias pobres. El cabildo tinerfeño se ofrecía a enviar 100 a lo largo de 10 años, haciendo frente a los gastos con sus propios fondos y con donativos de sus vecinos principales. La Corona en crisis financiera es reacia a financiar tales empresas. En 1669 el cabildo de Santo Domingo y su arzobispo insisten en la necesidad de repoblar el norte de la isla con ellas. Mientras tanto, ante esa falta de iniciativa el crecimiento de la parte francesa era imparable. En 1681 era ya de 7.845 personas, mientras que la de la Española no pasaba de 7.500.Hasta el Reglamento del comercio canario-americano de 1718 las iniciativas de poblamiento corresponden a autoridades locales y a particulares. En 1762 se pone en práctica la propuesta del ayuntamiento tinerfeño. Por esas mismas fechas el de Higüey estaba esperando la llegada de los nuevos pobladores que se reparten entre sus familias en los primeros momentos Sin embargo el despoblado este del país no será el objetivo prioritario. La capital y el área fronteriza son el destino fundamental.

Las noticias sobre esta emigración familiar en el último tercio del siglo XVII y primeras décadas del XVIII son bastante confusas y necesitan de un estudio sistemático de las fuentes ante la ausencia de registros precisos. Entre 1680 y 1691 se embarcan para Santo Domingo desde las Canarias 8 buques que, según los protocolos canarios, hacen escala en ese puerto para dejar en él familias.
.Todo indica que la la migración tuvo cierta entidad. Nos consta por otras fuentes que esa colonización tiene cierta efectividad en una de las regiones más vacías de la isla, el éste. De ella existen topónimos que nos hablan de su impacto, como la laguna de los isleños en Bayaguana o el cruce de los isleños en Higüey. En la primera hay noticias de asentamientos canarios, y en la segunda de un reparto de ellos en la zona denominada la Otra Banda, donde se consolidó una fundación que vertebró un pueblo que ha subsistido como tal hasta fechas bien recientes, los llamados Pata blanca, sinónimo de tal color.
A pesar de las hostilidades entre Francia y España, los buques isleños continuaron trasladando familias a Santo Domingo, pero no sabemos su número exacto. En años sucesivos hasta 1735 continuaron llegando, pero es sólo a partir de esas fechas cuando la Corona afronta un esfuerzo decisivo para repoblar Santo Domingo con familias canarias haciéndose cargo no sólo de los costes de su instalación sino con el de una parte de los pasajes. A pesar de su ralentización por la guerra entre 1742 y 1749, se incrementó notablemente hasta 1764, año de la finalización de la política gubernativa de subvención de la migración, en varios miles de personas, aunque hay notoria disparidad en las fuentes entre los informes del Juez de Indias en Canarias y los de los oficiales en Santo Domingo, que certifican su arribada. Según éstos su número bien podría superar las cuatro mil personas, aunque su número total es a todas luces mayores. Como ha referido Gutiérrez Escudero, un análisis más meticuloso de las fuentes, añade cada día más nuevos datos que la reafirman. Los protocolos canarios reafirman más la verosimilitud de tales argumentos

aunque una parte de los inmigrantes se estableció en San Carlos y la capital, donde incluso se conserva en su parroquia periférica de Santa Bárbara una Candelaria blanca a la que daban culto, desde 1690 en que 25 familias fueron agregadas a Santiago en el fértil valle norteño del Cibao, el más rico de la isla, los inmigrantes canarios se dirigirán hacia la región fronteriza y septentrional del país, auspiciados por la política gubernamental de servir de freno a la ocupación francesa y estimulados por las ventajas que para ellos supusieron sus ventas de ganados y tabaco en el Santo Domingo Francésesa

Junto con la migración canaria la otra vía de crecimiento demográfico externo fueron la compra de esclavos a los franceses a cambio de la venta de sus reses, cueros, madera y tabaco y la concesión de la libertad a partir de 1677 a los esclavos negros huidos de ella. De esa forma, por un lado, los hacendados, y en menor medida los pequeños agricultores, que vendían sus producciones en Saint Domingue pudieron comprarlos a un precio asequible y por otro los cimarrones se fueron asentando en unas tierras vacías del lado oriental del río Ozama que darían pie a una nueva localidad, San Lorenzo de los Mina, denominada así por ser los primeros negros del grupo mina angoleño. A pesar de los intentos por parte de las autoridades locales de suprimirla, subsistió a lo largo de la centuria, creciendo de forma moderada[4]. El francés Pedron diría de él en 1800 que albergaba "más o menos 300 habitantes, casi todos negros, descendientes de negros refugiados de la parte francesa

LA EXPANSIÓN FUNDACIONAL EN SANTO DOMINGO.
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Además del SE del país y de la citada población de San Lorenzo de los Mina, como apuntamos con anterioridad, el primer jalón de esa política pobladora fue el de las fundaciones en la frontera, el reforzamiento de la capital del Cibao, Santiago, y la creación en las afueras de Santo Domingo de San Carlos de Tenerife en 1684. Esta última villa, aunque al principio experimentó dificultades y sus vecinos fueron afectados por las epidemias y se vieron obligados a cambiar su ubicación, prosperó como centro abastecedor de productos agrícolas a la capital. Los nuevos pobladores erigieron un templo a su Patrona, una Candelaria notoriamente blanca, que trasladaron desde las Islas, mantuvieron una política endogámica que les distinguió de la abrumadoramente mulata de la capital. Sus milicias fueron de blancos y preservaron su identidad específica hasta entrado el siglo XX. Se llamaron a sí mismos isleños y tuvieron ayuntamiento independiente hasta 1911.
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LA COLONIZACIÓN DE LA FRONTERA
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Uno de los principales obstáculos que la Corona española tenia para frenar la expansión francesa en la isla era la colonización de la región de frontera. El pueblo de Lares de Guaba, constituido en el siglo XVI, era a mediados del siglo XVII una ruina arqueológica. En 1670 el arzobispo Fray Domingo Fernández Navarrete diría de él que el actual era "moderno" con apenas 182 personas de confesión, incluidos los soldados para su defensa. Había sido destruido por los franceses en 1656 y en 1674" [6].
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El gobernador Carvajal daba como fecha de su reocupación el año 1664, por lo que debió tratarse de otro nuevo intento de repoblación[7]. Lo cierto es que sólo subsistían unos pocos hateros dedicados a la cría de ganado y a su trasvase y venta al Santo Domingo francés.En 1687 el Capitán General Andrés Robles pormenorizó el traslado "ha muchos años", en realidad en 1683, de la población desde "la barranca de Cueto a Bánica y Artibonito por razón de los enemigos franceses que ocupan la isla". En ese poblamiento de 1683 habían intervenido familias canarias, como lo demuestra la composición del cabildo de Bánica de 25 de abril de 1688 [8].
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Estima que éste era el emplazamiento "más a propósito y conveniente para la seguridad de sus personas y familias". Sin embargo era una fundación inestable porque a cada poco pedían mudarse al sitio anterior, cogiendo "los santos y la campana". Seguían manteniendo, a pesar de los riesgos que conllevaba, sus hatos en esa zona, situada a 8 leguas, prácticamente en los límites fronterizos.
LA COLONIZACIÓN DE LA FRONTERA
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Uno de los principales obstáculos que la Corona española tenia para frenar la expansión francesa en la isla era la colonización de la región de frontera. El pueblo de Lares de Guaba, constituido en el siglo XVI, era a mediados del siglo XVII una ruina arqueológica. En 1670 el arzobispo Fray Domingo Fernández Navarrete diría de él que el actual era "moderno" con apenas 182 personas de confesión, incluidos los soldados para su defensa. Había sido destruido por los franceses en 1656 y en 1674" [6].
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El gobernador Carvajal daba como fecha de su reocupación el año 1664, por lo que debió tratarse de otro nuevo intento de repoblación[7]. Lo cierto es que sólo subsistían unos pocos hateros dedicados a la cría de ganado y a su trasvase y venta al Santo Domingo francés.En 1687 el Capitán General Andrés Robles pormenorizó el traslado "ha muchos años", en realidad en 1683, de la población desde "la barranca de Cueto a Bánica y Artibonito por razón de los enemigos franceses que ocupan la isla". En ese poblamiento de 1683 habían intervenido familias canarias, como lo demuestra la composición del cabildo de Bánica de 25 de abril de 1688 [8].
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Estima que éste era el emplazamiento "más a propósito y conveniente para la seguridad de sus personas y familias". Sin embargo era una fundación inestable porque a cada poco pedían mudarse al sitio anterior, cogiendo "los santos y la campana". Seguían manteniendo, a pesar de los riesgos que conllevaba, sus hatos en esa zona, situada a 8 leguas, prácticamente en los límites fronterizos.