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12 ago. 2008

La revuelta de los negros de 1812

La revuelta de los negros de 1812
En 1812, dos años después de la malograda "conspiración de los italianos", sucedió una revuelta en la que participaron mayoritariamente personas de color, tanto esclavos como libertos.
En ese entonces ya Sánchez Ramírez había muerto y gobernaban la Colonia interinamente el Coronel don Manuel Caballero y el Licenciado José Núñez de Cáceres, este último con el cargo de Teniente de Gobernador e Intendente Político.
Esta trama tuvo por causa el recrudecimiento de las tensiones raciales y sociales en la colonia luego de la proclamación de la primera constitución liberal española en ese mismo año. La constitución apenas tuvo repercusiones en la colonia de Santo Domingo, donde, a las dificultades económicas se agregaban otras de índole política producidas por el descontento, particularmente entre esclavos y libertos, ya que las autoridades de la colonia impedían la aplicación de las disposiciones de dicha constitución.
La intriga estuvo a punto de concretarse en un levantamiento en la noche del 15 al 16 de agosto de 1812 pero fue evitado debido a una delación. El pretexto esgrimido por los conjurados fue la negativa del gobierno a conceder la libertad de los esclavos. Morilla, testigo de los hechos aunque de corta edad por entonces, afirma que perseguía "la libertad de su raza y adherirse a la República de Haití".
Entre sus cabecillas figuraban José Leocadio, Pedro de Seda, Pedro Henríquez y un tal Marcos. Debían concentrarse en Mojarra, paraje al suroeste de la actual villa de San Antonio de Guerra, y desde allí trasladarse a Montegrande cuyos vecinos eran también preponderantemente negros. Montegrande era asiento de un partido o alcadía creado en 1786 y cuyos habitantes tuvieron importante participación el 27 de febrero de 1844; con el tiempo, dicha comunidad desapareció y ahora no hay seguridad de su emplazamiento original (quizás el actual Mendoza, en Santo Domingo Este).
Seda, Henríquez y Marcos fueron condenados a subir al patíbulo. Sus cabezas se colocarían luego en los caminos de Mojarra y Montegrande y en la entrada del paraje "Enjuagador", al noroeste de Guerra. Los también implicados José María Osorio, Dionisio y Domingo presenciarían el suplicio para luego recibir cien azotes en la picota y un año de presidio en la hacienda de su amo con grilletes y ramales al pie, perdonándoseles la vida porque, aun cuando eran de los principales instigadores,
luego que percibieron que la ronda los buscaba huyeron a la capital y declararon lo que sabían a su amo, quien los entregó al brazo de la justicia.
Una de las conjuradas, María de Jesús, en cuyo bohío habían cenado Leocadio y Osorio la noche en que intentaron asaltar la hacienda de Mendoza, purgó 50 azotes "en la reja de la cárcel, con la obligación de parte de su amo de sacarla inmediatamente de la isla". Leocadio, Fragoso y otros rebeldes "fueron al patíbulo amortajados dentro de unos sacos y arrastrados a la cola de un asno y sus miembros descuartizados y fritos en alquitrán".
Referencias
García, José Gabriel. Compendio de la historia de Santo Domingo. Santo Domingo. 1894.
Noticias de lo que presenció el Dr. Morilla, .... En Del Monte y Tejada, A.. Historia de Santo Domingo. Ciudad Trujillo. 1953.
Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. UCMM. Santiago. 1977.