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25 oct. 2011

EL AMBIENTE DE LA VEGA DE AQUEL ENTONCES 1883-1844


EL AMBIENTE DE LA VEGA DE AQUEL ENTONCES 1883-1844



Autor, el Historiador vegano Guido Despradel y Batista, es parte de un trabajo, para el concurso que celebró la Sociedad “Amor al Estudio” de La Vega, con motivo del Centenario de la Independencia Nacional, Aporte de La Vega,  a la obra de nuestra Independencia,  y publicado en, BANG, año 1949, Núm. 61-03, cap. III
El hecho histórico es necesario arreglarlo a su propia tierra,  porque  pierde  su sentido humano el acontecimiento si no lo enmarcamos, con  puntos sólidos, en el ambiente material en el cual  tuvo a bien desarrollarse. La historia no es solamente fecha y personaje, es también  trozo  de la vida con todas sus inquietudes y todas sus necesidades, tanto  del hombre como especie  geológica como sujeto que piensa y que ama.
Pobre  y desalentador era el aspecto de la ciudad  de la Concepción de La Vega, al entrar el año de 1844. El 7 de mayo  de 1942 un terrible terremoto echó por tierra sus más sólidas construcciones y lleno de espanto el espíritu de sus habitantes.
Placide le Brun, el progresista  y activo gobernador haitiano, le había hecho empedrar sus calles y había levantado, en el lado oriental de sus Plaza de Armas, el llamado Palacio  de Sangre, imponente construcción de piedras y argamasa, al Sur de esta Plaza, en cuyo centro se levantaba el mamposteado cuadrilátero presuntuosamente llamado por el haitiano dominador “ Altar de la Patria”, estaba la Iglesia, de tapia y mampostería con un techo de paja y, hacia el occidente de la Plaza, la casa de mampostería del rico Don Francisco Mariano de la Mota. El progreso le sonreía,  cuando esta terrible catástrofe del 7 de mayo la convirtió en un  pobre villorrio de humildes bohíos de tablas de palmas techados de rústica yaguas.
Verdes gramíneas cubría sus calles, de noche huérfanas de toda luz,  a no ser la de  la luna, y por donde pasaban libremente cerdos, vacas y burros. Muchos de sus habitantes habían huido, lleno de pavor, a los campos circunvecinos y un espíritu de abatimiento reinaba en ella,  máxime cuando  como una  nueva ave agorera desgracia una  implacable epidemia de viruelas tocaba a sus puertas (La epidemia de viruela no llegó a La Vega, pero si a la ciudad de Santo Domingo. En esta ciudad el 23 de noviembre de 1943, se tuvo noticia de los estragos que hacia la viruela en Saint Thomas. El 25 de diciembre  la municipalidad se reunió, para tomar las debidas precauciones sobre un niño que fue por oficio del médico en jefe  estaba con viruela. Ya el 27 de diciembre, la epidemia  se había extendido en la  ciudad Capital < ver Guido Despradel i Batista, La Municipalidad de Santo Domingo ante  el golpe libertador  del 27 de febrero, BAGN, Nos 26-27, año 1943>)
En medio de este ambiente empobrecido cuajado de presentimientos amargos, ambiente que inmortalizara la pluma fecunda  de García Godoy, en las páginas  de su “· Rufinito”, se apretaba el elemento separatista vegano para responder a la llamada urgente de la Patria sojuzgada, guiado por la palabra conveniente de  un Padre Espinosa y por  el ejemplo emulador de unas señoritas Villas  y del Orbe.
Haití, no mantuvo en nuestro territorio un ejército de ocupación ni fuerte  ni numeroso. La gendarmería, aunque comandaba por oficiales del presuntuoso ejercito  de Occidente, estaba  formada en gran parte por soldado dominicanos, y la Guardia Nacional, vigilante del orden público en ciudades y campos, no solamente estaba dirigida por jefes dominicanos, sino que estaba constituida en su totalidad por elementos nativos de nuestro propio territorio.
En 1844, Felipe Alfau trinitario fundador, era el jefe  de la Guardia Nacional de la ciudad Santo Domingo,  y los militares más distinguidos en nuestras guerras de Independencia como Cabral,  Puello,  Regla Mota,  Salcedo,  y otros más eran miembros de esa institución armada durante la ocupación haitiana. Con razón escribió  el Cónsul Francés Saint –Denys al ministro Gizot, el 3 de marzo del 1844, al referirse el golpe del 27 de febrero, que dice “ La Guardia Nacional de la ciudad hubo podido fácilmente apoderase, desde el primer momento del arsenal defendido  solamente por  60 soldados mal armados y poco disciplinados. Pero deseando evitar,  toda efusión de sangre ella prefirió esperar hasta nuevos acontecimientos,
En La Vega, tenemos que para el 1843, el coronel Toribio Ramírez héroe más tarde en el 30 de marzo, era el jefe  de la guardia nacional, y militares  distinguidos en nuestras luchas libertadoras como Manuel Mejía y Marco Trinidad, eran miembros de ellas.  Hemos visto que Charles Herard  conformo en su puesto de jefe del distrito de La Vega al General  de Brigada Felipe Vásquez, soldado meritorio de la Patria.
Pero Alejandro Charrier, jefe del departamento de La Vega, en1839 en el informe que presentó al Presidente Boyer "sobre la situación de Ia parte española del Este'', presentaba como jefes militares
De las secciones de la común de La Vega, a los siguientes:
Sección de Sabaneta a cargo del capitán Esteban de la Cruz.
Sección de Güamas a cargo del capitán Eugenio del Rosario.
Sección de Bonao a cargo del capitán Pedro Reinoso.
Sección de Cenoví a cargo del capitán Juan Suárez.
Sección de La Jagua a cargo del capitán Manuel Toribio.
Sección de Sabana Angosta a cargo del capitán Juan Germán.
Sección de El Palmar a cargo del capitán Pedro María.
Sección de Barranca a cargo del capitán José Reinoso.
Sección de Jamo a cargo del capitán Faustino de Tapia.
Sección de Santo Cerro a cargo del capitán Raimundo Suarez.
Sección de Río Verde a cargo del capitán Manuel María Abreu.
Sección de La Torre a cargo del capitán Manuel Reynoso.
Sección de Peladeros a cargo del capitán Raymundo Reinoso.
Sección de San José a cargo del capitán Pedro Rueda.
Secci6n de Burende a cargo del capitán Benito Rodríguez.
Estos capitanes y los soldados que ellos comandaban en forma de la Guardia Nacional fueron los que al proclamarse nuestra Independencia constituyeron los cuerpos de Veteranos que tantos laureles alcanzaron en los campos de batalla.
Estos de La Vega, en cuyas filas están los tenientes, los sargentos y los rasos cuyos nombres la Historia no registra, fueron el fundamento para organizar ese glorioso Regimiento Vegano que acudid a Santiago, a Talanquera, a Beller y a Sabana Larga para ofrendar en el altar de la Patria redimida el heroísmo de sus victorias y que emprendía marcha titánica por las escarpadas estribaciones del macizo
Central, para pasando valientemente por la puerta de Chingüela,  cortar la retirada al enemigo en derrota en las llanuras bendecidas con sangre de valientes del Valle de San Juan
Pronunciada La Vega el 4 de Marzo del 1844, ella fui: convertida por el delegado Mena en el centro de las actividades para obtener el pronunciamiento, a favor de la causa de Febrero, de las demás poblaciones del Cibao (25). Expresa el historiador García que el día 5 de Mayo del 1844 fueron despachados para Moca en comisión 10s veganos Bernardino Pérez y José Portes y que éstos, "regresaron por la noche con la fusta nueva de que el corregidor José María Imbert, había pronunciado la común el día antes". Quién envió a Moca a Pérez y a Portes? Indiscutiblemente el delegado Pedro Ramón de Mena, porque si éste hubiera tenido conocimiento de Ia comunicación enviada el 4 de marzo por el Corregidor Dandonis al Corregidor Imbert por intermedio de D Carlos Campo, no hubiera tomado semejante medida. No cabe duda, los hombres del Cibao, amantes de su patria y de su tierra como ningunos, querían proclamar la existencia de la Patria libre sin intermedio de delegaciones. Un trozo del diálogo al cual hemos hecho mención anteriormente confirma nuestro aserto.
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