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8 oct. 2011

El chantaje de los cabecillas del PLD con los recursos del Gobierno

Hipólito Mejía
Candidato presidencial del PRD

El uso y abuso de los recursos del Estado en la campaña electoral es un tema presente en cada elección presidencial. También en las llamadas elecciones de medio término. Quiero referirme al primer aspecto, tomando en cuenta que estamos involucrados desde hace meses en un proceso electoral importante, que está destinado a demostrar que el país se cansó de la hipocresía, la insensibilidad, la corruptela y la miseria a que ha sido sometido durante los últimos 8 años.

El jueves 29 de septiembre el país pudo escuchar, de viva voz, a Leonel Fernández, presidente de la República, explicando la forma insolente y desvergonzada en que pretenden utilizar los recursos del Estado para torcer la voluntad del país, expresada ya a través de diversas formas, no solamente en las encuestas, sino en las calles exigiendo un cambio a los destinos del país.

Según el presidente de la República y del partido de gobierno, 40 mil millones de pesos estarán disponibles, sin observancia del Fondo Monetario Internacional, y serán utilizados para conseguir momentáneamente el apoyo de la gente hambrienta, a través de comida regalada cercano al proceso electoral. También se harán bacheos de calles y se dará apariencia de seguridad ciudadana lanzando más policías a las calles. Se sabe, todo es un engaño, para dar una impresión de prosperidad, y que el PLD siga en el gobierno.

Esas son sus pretensiones. Quiero decir que he reflexionado muy seriamente sobre estos planes. Es tanta la miseria, el desamparo, el hambre, las precariedades y enfermedades sin atención que padece la gente que algunos podrían, desesperadamente, caer en la tentación de aceptar cambiar su intención de voto por un regalo envenenado. Estos planes ponen en evidencia que ni Leonel ni su candidato tienen intención seria de trabajar para deducir la pobreza, para crear empleos o para crear prosperidad y progreso, como ellos mismos dicen.

Precisamente el pasado jueves, en el Índice de Desarrollo Democrático de América Latina (IDD-Lat 2011), elaborado por la Fundación Konrad Adenauer, y presentado en México, se incluye a la República Dominicana en la nada honrosa lista de los países que han ensanchado el Estado con fines clientelistas. Esa misma investigación incluye a nuestro país entre las naciones que han registrado un “desarrollo pobre” en los últimos años.

Y así los señores del PLD hablan hasta de distribuir la riqueza supuestamente creada por Leonel.

Estoy seguro que la gente del pueblo pobre, abandonado, sin atención ni medicamentos en los hospitales, sin crédito agrícola para sus pequeñas cosechas y sin alimentos para sobrevivir sabrán coger y dejar. Están obligados a buscar y a recibir las migajas que les ofrezcan. La miseria es una tragedia humana terrible. Sin embargo, no deben perder su dignidad en el momento de votar.

Estoy enviando una comunicación al Fondo Monetario Internacional sobre los propósitos del gobierno y del PLD. Tienen experiencia destruyendo la estabilidad, creando imagen de sobriedad cuando tienen un gran desorden en la administración del gobierno y dando la imagen de respetar las reglas del juego cuando están tratando de hacer diabluras con la intención de votos de la población. Ya lo hicieron en las elecciones de medio término del 2010 y también lo hicieron en las elecciones presidenciales del 2008. Previamente lo había realizado el mismo Leonel Fernández contra Danilo Medina en las elecciones internas del PLD en el año 2007.

Esa es la realidad. Hay varios frentes en los que trabajan para desestabilizar la economía y crear un gran desorden. Ese dato de distribuir 40 mil millones de pesos es un verdadero atentado a la transparencia, al sistema democrático y a la convivencia entre ciudadanos dominicanos, respetuosos de las reglas del juego político. He dicho y repito que conozco las patrañas y hará todo cuanto esté a mi alcance para evitar que se vuelva a las trampas en el proceso electoral.

Como los acuerdos con el FMI no permiten más rejuegos de los que se han puesto en marcha con las finanzas públicas, y como la voracidad de estos grupos perdió los límites imaginables en un país avasallado y estropeado, en algunos casos están recurriendo al chantaje, a la extorsión, al abuso desmedido y descarado contra sectores productivos que sienten en sus manos, precisamente utilizando los recursos del Estado de la manera más grosera.

También tengo el dato de que se está utilizando a un organismo recaudador del Estado, el más importante y el que suponíamos se manejaba con cierto grado de profesionalidad, para demandar recursos para órganos para estatales, como fundaciones asociadas al presidente de la República. Es una desconsideración y una verdadera desfachatez que un alto funcionario del gobierno solicite, como es el caso, a 24 grandes empresas que donen, cada uno, 2 millones de pesos para una fundación que es cuerpo del delito cuando se analice seriamente la forma en que se han tenido los lazos entre ese “think tank” y las entidades estatales.

Es una información conocida, que se maneja entre los grupos empresariales, sabedores de los desembolsos que han tenido que realizar como “donaciones voluntarias” a favor de esa conocida fundación. En este momento se trata de 48 millones de pesos, pero en el pasado con varios cientos de millones de pesos que se han transferido, en un hecho que habrá de ser conocido, como corresponde en los países en donde existen mecanismos de transparencia.

El aspirante presidencial, incluso, ha preparado un presupuesto de 900 millones de pesos, según su propio anuncio. Tienen todo el derecho de realizar las inversiones que necesiten para hacer su campaña electoral. Lo hacen a su riesgo y responsabilidad. Pero deben utilizar los fondos que legítimamente reciban, no los fondos estatales, el presupuesto nacional, y además recurran a arrinconar a los grupos empresariales con demandas más allá de lo que cualquier aspirante presidencial está en condiciones de recibir, sin quedar endeudado moral y políticamente en sus actuaciones en caso de llegar al poder.

En mi equipo de finanzas tenemos reglas muy claras sobre el tema de las recaudaciones de fondos. Evitamos a toda costa recibir colaboraciones sin conocer de dónde proviene. Aunque haya gente dispuesta a cooperar, no se puede recibir de todo el mundo, porque hay dinero sucio que no aceptamos y que tampoco debe aceptar nadie que se dedique a la política y tenga una pizca de honestidad.

La extorsión, sin embargo, es lo deleznable y más si se utilizan los mecanismos del Estado. En un país en las condiciones de la República Dominicana no es posible pagar un millón de pesos por una cena. Nadie en su sano juicio, con una recesión internacional, más una crisis interna que contrae desde hace meses la economía, con un acuerdo con el FMI, más una presión tributaria por encima de lo razonable y una presión fiscalista del gobierno más allá de lo que pueden pagar las empresas, puede pretender que le regalen un millón de pesos por una cena. ¿A cambio de qué?

Ya he visto muchos disparates y desaguisados convertidos en políticas estatales para captar votos, he leído y escuchado muchas declaraciones a las que nos tienen acostumbrados los señores del gobierno: hablan y no lo sienten, porque viven en un terreno diferente al que vive el resto de los dominicanos. Están viviendo con Leonel en su realidad virtual de Second Life, cada uno con su avatar y su riqueza, porque en realidad le han construido en exclusiva, para ellos, un segundo nivel a la República Dominicana, habitado solo por la cáfila del gobierno y del PLD.

Conmigo será diferente. Lo digo y lo repito. El país debe cambiar y el mayor responsable de los cambios tiene que ser el sistema político, que además de aplicar una profilaxis sobre sí mismo, debe empujar a la sociedad hacia una democracia más transparente, con más rendición de cuentas y con más sensibilidad y voluntad para hacer frente a la miseria de nuestra gente, a la precaria educación y a la falta de alimentos para que la gente pueda sustentarse con dignidad. En eso consiste mi lucha, que mantendré y que defenderé con la misma fuerza que siempre he defendido mis convicciones