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18 jun. 2011

Cálculos que, todavía, no fallan (Arde Lucus MMXI)

La muralla es pura ingeniería militar. Detrás de ella hubo muchas manos, pero no sólo las de los que cargaban y colocaban piedras. También están las de ingenieros, topógrafos y arquitectos que, con sus planos y estudios, se plantearon levantar la muralla más imponente de la Gallaecia.

hacía ya 2.300 años que había visto la luz el primer compendio de cálculo en Babilonia y los romanos tenían muy bien aprendidas las nociones matemáticas. Quizá por eso, sus cálculos no fallaron, todavía, casi otros 2.000 años después de forma que los trazos de la planta de la muralla siguen en pie, en perfecto estado de conservación, pudiendo hacer frente a cualquier embiste de ariete posible.

Pero la muralla se erigió no sólo con fines defensivos sino también y sobre todo para demostrar al resto de las urbes importantes de la Gallaecia la primacía de Lucus Augusti.

«Hay una norma del emperador Aureliano, del año 275, que dice que cada ciudad se proteja como pueda con los recursos que tengan, ya que la crisis del Imperio está llevando al ejército hacia las fronteras para contener las invasiones bárbaras que, por otra parte, no tendrían lugar hasta el 409 o 411», explica el arqueólogo Enrique Alcorta.

Ingeniería
En aquel entonces, Braga, Astorga, León y Lugo compiten por tener la muralla más grande. Las élites locales del siglo III en Lucus Augusti dirigirían los trabajos bajo los planos de ingenieros militares que sabían muy bien lo que hacían.

Por ejemplo, la muralla no se construyó en el sitio que ocupa porque sí. El relieve del terreno determinó su radio. Las pendientes del terreno en zonas como la puerta de la Estación o la del Hospital contribuían a dificultar el acceso a la muralla a los posibles enemigos.

«Cuando acababan de subir estas cuestas, los enemigos ya estaban cansados. Además... ¿sería posible subir la calle Chantada, por ejemplo, con una torre de asalto? A mayores, para tirar una catapulta, necesitaría un sitio llano y en el contorno hay pocos», cuenta Alcorta.

Cubos
La muralla está levantada sobre los puntos más altos del relieve para que el enemigo llegase cansado a sus piedras. Pero ¿por qué le pusieron cubos y por qué éstos son redondos? El arqueólogo también tiene la respuesta. «Las formas redondas aguantan mejor los empujes. Si tengo una lámina de papel plana y la empujo, se dobla. Si la enrollo, aguanta mejor».

Tampoco es aleatorio el número de cubos y puertas. «Cuando hicieron el diseño, se plantearon las distancias. Igual que pasa en un puente con los pilares. Aquí se hizo, cada 14 metros, un cubo y eso se tuvo que hacer sobre plano», comenta el arqueólogo.

La altura de la muralla está pensada también para fallar el tiro de flechas y los muros interiores, de 6 metros de ancho, para vencer el impacto de los arietes.

Lo mismo que el foso, de 25 metros de boca y casi 5 de profundidad. ¿De dónde se podrían sacar tantos tableros como para salvar la brecha de 25 metros? «Si fuese de 3, colocarías unos tableros y pasabas. Con 25 metros por delante, harían falta muchos tableros para atravesarla», piensa Alcorta.

LA CAÍDA DE LUCUS. La misa que salvó a los bárbaros

  • Todo estaba muy calculado para que la muralla defendiese de los bárbaros a los 5.000 habitantes de Lucus Augusti pero, paradójicamente, la entrada de éstos en la ciudad fue pacífica y no llegaron para guerrear sino para oír misa.
  • «El Lugo romano cae un Domingo de Pascua del año 459. Ese día dejaron entrar a los bárbaros (los cristianos) para ir a misa porque era preceptivo hacerlo en Domingo de Pascua. Así fue cómo desapareció la huella de Roma en Lugo», dice Alcorta.
  • Atrás quedan veinte años de cargar piedras, cal y madera. El cristianismo venció la ingeniería defensiva romana. Y en son de rezos..
CONSTRUCCIONES QUE PERDURAN
LAS TERMAS. Entre la montaña y el río
Las termas romanas de Lugo son alargadas, no cuadradas. Tiene también su razón topográfica: el reducido espacio entre la montaña y el río no les permite tener otra forma. Los romanos sentían pasión por el agua caliente y éste pudo ser un argumento de peso para la fundación de Lucus Augusti.

EL ACUEDUCTO. Kilómetro y medio de trayecto
El agua llegaba en un acueducto de kilómetro y medio de largo. Procedía de O Castiñeiro y se abría en la parte alta de Santo Domingo. Aunque había otros manantiales, se eligió la zona más llana de la ciudad para garantizar el suministro. Fue construido en el siglo I y derribado 1.900 años después.
LA MURALLA. Un emparedado de muros
La muralla tiene más piedras que las que se ven. «Por dentro, tiene muros transversales de arriba a abajo que cosen las paredes interiores y exteriores. En cada cubo, hay cinco muros radiales internos que van contra las paredes transversales. Es un muro estructurado, pensado», afirma Alcorta.