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4 jun. 2011

RÍO CAMÚ Y EL DESTINO DE LA VEGA, HISTORIA E IMPORTANCIA DE SU PRESERVACION

CONCLUSIONES DE LOS EXPOSITORES, SEMINARIO AMBIENTAL, SE NOS MUERE EL CAMU ¿QUE HAREMOS?

REALIZADO POR EL CONSEJO PROVINCIAL PARA LA ADMINISTRACION DE LOS FONDOS MINERO DE LA VEGA, REP.DOM. 4 DE JUNIO 2011

CON MOTIVO DEL DIA MUNDIAL DE MEDIO AMBIENTE

RÍO CAMÚ Y EL DESTINO DE LA VEGA, HISTORIA E IMPORTANCIA DE SU PRESERVACION

ELEUTERIO MARTÍNEZ

Ecologista – Bioeticista – Ingeniero – Investigador – Catedrático

La Vega es el Camú, el Camú es la Vega. Es imposible separar, dividir, ni mucho menos desconocer el vínculo tan estrecho que existe entre estas dos realidades, que en su esencia, constituyen una sola verdad: “La Divina Concepción de La Vega, cuya propiedad la ostenta La Realeza”.

Una “vega” es una llanura ribereña o más bien, la planicie creada por un río con los sedimentos que históricamente ha ido depositando en sus márgenes.

El panorama que por primera vez se abre ante los ojos del colonizador español al asomarse a la cima del Santo Cerro, es la inmensa llanura del Camú, que atinadamente el Almirante bautizó como el Valle de la Vega Real.

Fue tan grande la impresión que se llevó Cristóbal Colón al contemplar las vegas construidas por este río, que arrancó las expresiones más elocuentes que pueden salir de los labios de un Ser Humano maravillado ante la majestad de una obra insuperable de la naturaleza, ni siquiera por ella misma: “Son las tierras más hermosas que ojos humanos puedan contemplar”.

Es decir, la mayor riqueza o elemento de más valor que el Almirante y su séquito encontraron y que no podían cargar con él, es la inmensidad de la llanura que se desarrolla entre la Cordillera Central y la Cordillera Septentrional, al recoger todas las escorrentías que conforman la cabecera del río bautizado por los taínos con el nombre de “Camú”.

Tal parece que para darle la categoría que merecía aquel hallazgo, fue dedicársela a la “Realeza Española” que hizo posible su presencia en estas tierras y de ahí que la primera idea que surge de la mente inspirada de aquel pionero de las mayores hazañas emprendidas por la humanidad hasta entonces (Edad Media), fue bautizarla como el Valle de de la Realeza o Valle de la Vega Real.

La Concepción de la Vega

La primera colonia establecida al pie del Santo Cerro o más bien, en el extremo occidental de La Vega Real fue destruida por un terrible terremoto ocurrido a mediados de agosto del año 1562 y como fue el mismo fenómeno natural que destruyó al Primer Santiago de América, los españoles decidieron trasladar ambos asentamientos a la orilla de las fuentes de agua más cercanas: La Vega en las márgenes del Camú y Santiago en las márgenes del Yaque del Norte.

La Vega era una obra tan extraordinariamente grande y de tal trascendencia para el colonizador que la consideraban una Concepción Divina. Solo Dios podía hacer algo así. En sus aguas y no en otro lugar, se bautizaron los primeros cristianos taínos, es decir, los primeros seres humanos que fueron evangelizados.

A La Vega y sus pinares, a sus bosques húmedos, a la belleza de sus manantiales y a su fauna asociada, le dedicó Cristóbal Colón, sus más hermosas prosas al escribir y detallar en su “Diario”, todo lo que encontraba a su paso… Fue así, envuelta en esta magia y en medio de este paraíso terrenal que nació la “Concepción de la Vega”.

De manera que La Vega y todas sus riquezas, se deben al Camú. Esta progresista urbe cibaeña sin el Camú no tiene historia, no sería la hermosa realidad que hoy nos sirve de asiento. La Vega es inseparable del Camú y la historia de ambos es la misma historia y a nadie debe caberle dudas de que el destino de uno y del otro también será el mismo: Si muere el Camú, también morirá “La Concepción de La Vega”.

De manera que salvar el Río Camú, es algo de mucha más trascendencia que sembrar árboles en su cabecera, mucho más que evitar que le sigan extrayendo materiales de construcción de su cauce, mucho pero mucho más importante incluso, que parar la contaminación tan bárbara que sufre al pasar por la ciudad y su entorno industrial, colocado y tejido a todo lo largo de sus márgenes a su paso por la ciudad que lentamente lo ve agonizar.

Conservar el Camú es conservar La Vega. Su protección es un imperativo nacional que no solamente compete a los veganos. El INDRHI no solamente tiene que estar pensando en la construcción de la Presa Guiguí, sino en la protección de su área de captación. Agricultura no solamente debe ocuparse de la siembra de arroz, plátanos y la gran diversidad de cultivos que alimentan al país, sino en el manejo eficiente de las aguas de este río, para generar más y mayores riquezas.

El Ministerio Ambiente ya tiene protegida la cabecera del Camú con tres áreas protegidas (una Reserva Científica – Ébano Verde. Un Monumento Natural que cubre parte de los nacientes de este río, aunque se denomina Saltos de Jimenoa y un Área Nacional de Recreo denominada Guaiguí – El Puerto, con una alfombra de pinos que cubren la cabecera del Yamí y las laderas intermedias de las montañas del Camú.

Junto a estas acciones se encuentran los únicos proyectos de reforestación que ha tenido La Vega en toda su historia y que se iniciaron con el Programa Quisqueya Verde, justo en la cuenca alta del Camú. Pero aún así, eso no es suficiente, esta dependencia estatal, la más comprometida con la salvaguarda del Camú, tiene que crear los vínculos necesarios con los sectores más activos de la Sociedad Vegana para que juntos puedan delinear una estrategia que pueda garantizar su salvaguarda.

Pero todavía hay que ir más lejos. El Camú sustenta tantas riquezas que no solo es importante para La Vega como ciudad, sino para todo el Cibao y el país, pues es la principal arteria fluvial del Yuna y el garante de la producción de los suelos más fértiles de la Región del Caribe. Por lo tanto, también tiene que ser objeto de una atención especial por parte del Congreso Nacional y en particular, por los legisladores que representan esta demarcación territorial, para dotarla de una legislación especial que pueda darle soporte a un Corredor Ecológico que descienda desde su nacimiento y se prolongue hasta donde terminan las mayores agresiones humanas ante este obra bendita de la naturaleza.

Creemos que ha llegado la hora de que La Vega despierte, se organice y se ponga en pie para emprender la más grande y noble tarea: salvaguardar su riqueza mayor, su historia y su misma razón de ser: el Río Camú.