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20 nov. 2011

Burakumin, los "intocables" del Japón


Burakumin, los "intocables" del Japón

Los burakumin son una de las minorías más numerosa del Japón, formada por entre dos y tres millones de individuos. Pese a tratarse de un país moderno, los miembros de esta minoría han sido y siguen siendo discriminados. No por motivos de raza, lengua, pues en estos aspectos son del todo indistinguibles del resto de japoneses. Sino por los oficios de sus antepasados en el Japón feudal, oficios que eran considerados "impuros".

El término burakumin (en japonés, "habitantes de los buraku") es usado para hablar de los descendientes de los marginados del Japón feudal, que recibían el nombre de "eta", la mayoría de ellos trabajaban en oficios relacionados con la muerte, como sepultureros, verdugos o curtidores de pieles. Estos oficios eran mal vistos debido a la prohibición de matar del budismo y a la noción de "impureza" que la religión sintoísta aplicaba a estos oficios que trataban con cadáveres sangre. Otro grupo marginal era el formado por lo hinin, compuesto por ex-convictos, vagabundos, barrenderos o gente del mundo del entretenimiento (bailarinas, músicos, actores,...).

Existe la duda si los eta era un grupo marginal que se vio forzado a ocupar los oficios "contaminados" o fue a causa de los oficios que ocupaban que fueron progresivamente discriminados.

Al principio del período Edo (1603-1867) el sistema de castas fue establecido de manera oficial. Dividiendo a la población en cuatro clases, la superior sería la compuesta por los samurais (sólo el 5% de la población), a la que seguirían los granjeros y campesinos, los artesanos y finalmente los comerciantes y mercaderes. Los matrimonios entre miembros de castas diferentes estaban restringidos. Las funciones de los cuatro grupos eran simbióticas de manera que constituían una sociedad estable y virtuosa de acuerdo con las principios orden social de Confucio.

Fuera de este sistema de castas estaban los eta, en el último peldaño de la escala social. Obligados a vivir recluidos en asentamientos separados a modo deghettos y evitados por el resto de los japoneses. Esta segregación al igual que la discriminación era fomentada por la autoridades como un medio de control. Eran obligados a descubrirse ante los miembros de las otras castas y como muestra de la escasa consideración que recibían un magistrado afirmó en 1859 que un burakumin valía 1/7 que una personal normal.

El único privilegio que tenían era que estaban exentos de pagar impuestos, ya que el sistema fiscal estaba basado en los beneficios que producía el arroz, pero a los burakumin no les era permitido poseerlo. Otro paradoja que la discriminación que sufrieron era que su estatus de indeseables creó un monopolio de facto sobre los negocios que ocupaban. Lo que permitió a algunos triunfar económicamente y llegar a formar parte de la casta de los samurai, ya fuera por medio del matrimonio o la compra de derechos.

En 1866 se produjo la Restauración Meiji, un proceso que "occidentalizó" el país y que supondría el fin del sistema feudal japonés y con él la abolición del sistema de castas y los privilegios de los samurai. Curiosamente esta abolición trajo más problemas que ventajas a los eta, que vieron como perdían ciertos monopolios, mientras que la discriminación continuaba. La desaparición de la prohibición que impedía comer carne de ganado hizo que muchos de estos eta se dedicaran a carniceros o trabajaran en mataderos. Pero estos nuevos oficios también sufrieron el rechazo del resto de japoneses.

Durante el siglo XX los movimiento para resolver el problema se dividen entre los que animaban las mejoras en el nivel de vida de los habitantes de los buraku (nombre que se usaba para referirse a las antiguos aldeas eta) y su integración en la sociedad japonesa y aquellos que han concentrado sus esfuerzos en combatir la discriminación.

Muchos de los antiguos pueblos/ghetto eta, dejaron de existir en los años 60, ya fuera por el crecimiento de las ciudades o su integración en el resto de la sociedad, aunque en algunas regiones en especial en el oeste del país, en Osaka, Kyoto, Hyogo e Hiroshima, siguen siendo objeto dediscriminación y prejuicios, sobre todo entre la gente mayor. Donde se les sigue asociando con desempleo y criminalidad.

Según un estudio hecho por investigadores norte-americanos, en algunas yakuzas (mafias japonesas) la concentración de burakumin llega el 70% y un 60% en general. A veces los japoneses del oeste de Japón desconocen estos casos de discriminación que aún existen debido a la escasa cobertura que dan de ellos los medios, al tratarse aún hoy en día en un tema tabú, razón por la cual la mayoría de estos estudios son realizados por extranjeros.

Pero los prejuicios se manifiestan especialmente a la hora de los matrimonios y en menor medida a la hora de acceder a un empleo. Es común que las familias tradicionales comprueben el pasado de los futuros yernos o nueras para asegurarse que no tienen un origen buraku (o algún antepasado koreano). Estas investigaciones son relativamente fáciles de hacer, gracias al koseki, que es el registro familiar del gobierno, que se remonta cientos de años atrás, y que registra los nacimientos, adopciones, muertes, matrimonios o divorcios dentro de las familias

El uso del koseki para este tipo de prácticas es ilegal. Pero existen largas listas de burakumin recopiladas durante años que son usadas aún por prestigiosas empresas del Japón. Aún cuando se descubre que una empresa ha practicado este tipo de comprobaciones del pasado familiar sobre los candidatos reciben castigos muy suaves por lo que muchas continúan con este tipo de prácticas. Es común que ocupen los peores puestos dentro de las empresas y a veces incluso tengan sueldos inferiores a los de sus compañeros.

Pese a todo la situación parece que mejora, como muestra, en los años 60 sólo un 10% de los burakumin se casaba con un no-burakumin, en la actualidad esa cifra oscila entre el 60 y el 80%. De la misma manera cada vez son más los burrakumin que abandonan sus comunidades y se integran con el resto de japoneses, convirtiéndose así en indistinguibles. Pese a todo sigue siendo común entre los que han conseguido un cierto estatus social o incluso entre los políticos intentar esconder su origen buraku, pues son muchos los que creen que reconocer que uno es un Burakumin lo complica todo un poco más.

Son muchos japoneses que creen que la situación de los buraku ha mejorado no porque se hayan superado los antiguos prejuicios sino porque los burakumin se han convertido en indistinguibles, hace ya tiempo que los burakumim no son identificables por los trabajos que ocupan, sino que el método más fácil era por su dirección postal, afortunadamente con los movimientos de burakumin que han pasado a vivir fuera de los burakus y de no-Burakumin que han ido a vivir en los burakus, este método ya no es tan efectivo. Prueba de esta teoría es que la minoría koreana, más fácil de distinguir sigue sufriendo una enorme discriminación en Japón.

*foto 1: Calle comercial en el buraku de Osaka 
*foto 2: Samurai seguido de sirviente, los samurais eran la casta superior