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4 ene. 2012

Diez conflictos de los que estar pendientes este año.


LAS GUERRAS DE 2012
30 de diciembre de 2011

Diez conflictos de los que estar pendientes este año.

¿Qué situaciones conflictivas corren más peligro de deteriorarse aún más en 2012? Cuando Foreign Policy pidió a International Crisis Group que evaluara qué desastres de fabricación humana podrían explotar en el año que comienza, nos reunimos y llegamos a una lista de 10 zonas de crisis que despiertan especial inquietud.
Por supuesto, estas listas siempre tienen cierta arbitrariedad. Y esta no se escapa. Pero, en parte, eso es útil: es de esperar que haga que se hable de ello. ¿Por qué no hay hueco para Sudán, evidentemente una crisis de dimensiones aterradoras? ¿O para los conflictos olvidados de Europa, en el Cáucaso Norte, por ejemplo, o en Nagorno Karabaj? Verán asimismo que tampoco hemos incluido algunos que son muy preocupantes, pero de los que se informa extrañamente poco, como México o el norte de Nigeria. Ni el resistente y perenne pulso en la Península de Corea, pese a la incertidumbre provocada por la muerte de Kim Jong Il.
Ningún lector debe interpretar estas omisiones como una sugerencia de que esas situaciones están mejorando. No lo están. Pero sí pensamos que era útil destacar algunos lugares que, en nuestra opinión, son merecedores de la misma atención. Lo que sigue son los 10 que consideramos prioritarios. Al final –y solo para recordarnos a nosotros mismos que sí es posible mejorar–, hemos incluido dos países para los que, con cautela,  creemos que 2012 podría traer buenos augurios.
SIRIA
  
 
AFP/Getty Images
 
Mucha gente, tanto en Siria como en el extranjero, cuenta hoy con la caída inminente del régimen y supone que, a partir de ese momento, todo irá mejor. Pero la realidad podría ser muy distinta. A medida que la dinámica en Siria y en el escenario internacional se vuelve definitivamente en contra del régimen, muchos confían en que el sangriento pulso actual llegue a su fin. Sin embargo, por muy inevitable que parezca ahora que el presidente Bashar el Assad deje el poder tras la espantosa brutalidad de su Gobierno en los últimos meses, las etapas iniciales, una vez que se haya ido, entrañan riesgos inmensos.
Por un lado, la polarización emocional entre comunidades, sobre todo en torno a la comunidad alauí, ha hecho que los partidarios del régimen se cierren en banda, convencidos de que hay que “matar o morir”, y tengan auténtico miedo a que pueda producirse una gran venganza cuando caiga Assad. Por otro lado, el hecho de que cada vez haya más elementos estratégicos en juego ha intensificado la rivalidad regional e internacional entre todas las partes, que consideran que la crisis es una oportunidad histórica para inclinar de forma decisiva la balanza regional de poder. En esa mezcla explosiva, la primera inquietud exterior es, sin duda, Líbano: cuando más inminente parezca la caída del régimen Assad, más pensarán Hezbolá y sus protectores en Teherán que la crisis siria es una lucha existencial concebida para asestarles un golpe definitivo, y mayor será el riesgo de que decidan lanzarse a por todas y empezar a atacar a Israel como forma de desviar drásticamente la atención. La expresión “barril de pólvora” se queda corta. Existe un auténtico peligro de que cualquiera de estas cuestiones dificulte o incluso elimine la posibilidad de una transición fructífera.

IRÁN/ISRAEL
Incluso en el caso de que Irán e Israel consigan sortear las rocas de la crisis siria, la enemistad entre los dos países por la cuestión nuclear podría hacerles perder peligrosamente el rumbo. Aunque las sanciones contra Teherán y el ruido de sables en todas partes se han intensificado a finales de año, es posible que, en opinión de algunos, no sea más que la continuación de una tendencia histórica en las pésimas relaciones entre los dos Estados.
Sin embargo, existen dos factores que hacen de 2012 un posible punto de inflexión en el que las cosas podrían empezar a empeorar. El primero, que el último informe del Organismo Internacional de la Energía Atómica es especialmente rotundo: pese a no haber obtenido pruebas significativas de la intención de Teherán de construir un arma nuclear, subrayaba con más firmeza que nunca la obcecación del régimen de los ayatolás y su escasa disposición a cooperar con el organismo internacional. Segundo, las elecciones en Estados Unidos por fuerza harán que el apoyo a Israel esté más presente que nunca en la agenda y, en general, crearán un ambiente favorable a cualquier actuación israelí, con las inevitables consecuencias inesperadas, involuntarias y tal vez catastróficas.

AFGANISTÁN
Después de un decenio de enorme esfuerzo de la comunidad internacional en materia de seguridad, desarrollo y ayuda humanitaria, no se ha logrado crear un Afganistán estable, como ha quedado bien claro en el último año por el deterioro de la seguridad y la creciente presencia de rebeldes en provincias que antes eran estables. En 2011, la capital sufrió una avalancha de atentados suicidas, entre ellos el más letal desde 2001; múltiples ataques contra las misiones extranjeras en Kabul, el British Council y la embajada de Estados Unidos; y el asesinato del ex presidente y jefe negociador Burhanuddin Rabbani. Las perspectivas para el próximo año no son mejores, dado que muchas provincias importantes pasarán a manos de las mal dotadas fuerzas de seguridad afganas a principios de 2012.
La letanía de obstáculos que impiden la paz, o al menos la estabilidad, en Afganistán, resulta ya conocida. El presidente Hamid Karzai gobierna a base de decretos, mediante una combinación de clientelismo y abuso de poder. Las instituciones y los servicios del Estado son débiles o inexistentes en gran parte del país, o están tan invadidos de corrupción que los afganos no quieren saber nada de ellos. Las minorías étnicas de habla dari se muestran escépticas sobre las posibilidades de reconciliación con los rebeldes talibanes, de mayoría pastún, que cuenta con el respaldo del Ejército y los servicios de inteligencia paquistaníes. La dirección talibán en Quetta parece pensar que la victoria está a su alcance y que lo único que tienen que hacer es esperar hasta la retirada prevista de EE UU, en 2014.

PAKISTÁN
   
 
 
AFP/Gettyimages
A lo largo de 2011, las relaciones de Pakistán con Estados Unidos fueron de mal en peor, y el bombardeo mortal –pero aparentemente accidental– de unos soldados  paquistaníes por parte de la OTAN, en noviembre, convirtió una relación mala en abiertamente hostil. En parte como consecuencia, pero también por el apoyo del Ejército paquistaní a los terroristas que actúan en Afganistán, las relaciones entre Islamabad y Kabul están muy crispadas. El Gobierno electo ha hecho algunos avances en su acercamiento a India y está tratando de normalizar las relaciones comerciales. Pero el proceso sigue dependiendo del apoyo militar a los grupos militantes como Jamaat ud Dawa, el famoso  Lashkar e Taiba, responsable de los atentados de 2008 en Bombay. Otro atentado terrorista podría derivar en una guerra abierta entre dos adversarios que disponen de armas nucleares.
Sin embargo, las mayores amenazas para Pakistán proceden no de fuentes externas sino del interior. La transición de la dictadura a la democracia no está consolidada en absoluto, y el Ejército sigue controlando áreas cruciales de la política exterior y de seguridad. El islamismo radical está desestabilizando e incluso dominando el país en ocasiones, y las agresiones violentas contra destacadas figuras políticas progresistas minan la escasa confianza que cualquier pueda tener aún en que Pakistán logre eludir el desastre. No obstante, hay ciertas esperanzas, porque los islamistas radicales carecen de apoyo popular y los dos partidos políticos que pueden ganar las próximas elecciones generales en 2013 (siempre que el Ejército no interrumpa la transición democrática), el PPP, actualmente en el Gobierno, y el PML-N, en la oposición, tienen la capacidad y la voluntad política de devolver el país a posiciones más moderadas.

YEMEN
Yemen está en la cuerda floja entre una desintegración violenta y una mínima esperanza de traspaso pacífico de poder. Después de recibir cada vez más presiones de los actores internacionales y regionales, el presidente Alí Abdulá Saleh firmó, por fin, un acuerdo de transición el 23 de noviembre. De acuerdo con lo firmado, transfirió de inmediato un volumen sustancial de competencias a su vicepresidente, y está previsto que abandone oficialmente el cargo tras unas elecciones anticipadas que se celebrarán el 21 de febrero. Fue un primer paso importante, pero no suficiente para acabar con los problemas del país.
Todavía quedan muchos retos; entre ellos, hacer que los signatarios se responsabilicen de llevar a la práctica el acuerdo de transición, aborden como es debido los problemas de integración política y justicia que persisten y mejoren unas condiciones económicas y humanitarias espantosas. Además, las tensiones entre los centros de poder armados y rivales del país, la familia de Saleh, por un lado, y el general desertor Alí Mohsen al Ahmar con el poderoso clan al Ahmar (que no está emparentado), por otro, no están resueltas y pueden convertirse en un detonante de nuevas oleadas de violencia. Una de las tareas más difíciles que habrá que hacer durante la primera fase de la transición será obtener un alto el fuego duradero, sacar a todos los militares y miembros armados de tribus de las ciudades y comenzar una reforma real del Ejército y las fuerzas de seguridad.
Es una meta complicada, y los actores internacionales deben desempeñar su papel. Las amenazas de sanciones escogidas contra Saleh y su familia por parte de miembros del Consejo de Seguridad de la ONU contribuyeron a llevar a varios elementos duros del régimen a la mesa de negociación. Ahora, con un acuerdo firmado, para que se ponga en práctica será necesario ejercer presión sobre todas las partes: Saleh y sus partidarios, pero también los partidos de la oposición y sus aliados. Por el momento, todas las partes han decidido apoyar al vicepresidente Abd Rabbu Mansur Hadi, que, según el acuerdo, será el candidato de consenso en las elecciones de febrero. Al ser un personaje relativamente neutral, Hadi puede ayudar a conseguir cierto grado de compromiso y seguridad.
A la incertidumbre sobre el futuro de Yemen contribuyen los activistas del sur, cuyas exigencias podrían abarcar todavía desde la independencia inmediata hasta una federación de Yemen del Norte y del Sur, y los rebeldes houthi del norte, que reivindican más derechos para su comunidad y cierto grado de autonomía local. Y, mientras los políticos negocian en Saná, las fuerzas del Gobierno y los miembros de las tribus locales luchan sin descanso contra Al Qaeda en la Península Arábiga en la Gobernación de Abyan. Lo único seguro es que la lucha por Yemen se prolongará hasta bien adentrado 2012.

ASIA CENTRAL
Varios Estados de la región sobreviven por pura suerte: sus infraestructuras a punto de derrumbarse, sus sistemas políticos minados por la corrupción, sus servicios públicos casi inexistentes. Además de todo eso, la seguridad de Tayikistán, por ejemplo, se enfrenta a un peligro creciente por culpa de los rebeldes tanto interiores como exteriores, y carece casi por completo de capacidad para contenerlos. Por si fueran pocos los problemas del país, las relaciones con el vecino Uzbekistán están peor que nunca, con una histórica disputa por aguas para la que no se ve ninguna solución próxima e incidentes fronterizos ocasionales que amenazan con desencadenar aún más violencia.
En cuanto a Uzbekistán, Washington necesita cada vez más a Tashkent para sus actividades de apoyo logístico en Afganistán, pero la brutalidad del régimen significa que no solo es un socio embarazoso sino, a la hora de la verdad, poco fiable. Ya ha habido por lo menos un atentado contra la línea de ferrocarril que transporta el material de EE UU a través del país. Dado que las relaciones entre Washington e Islamabad parecen empeorar cada semana, Estados Unidos quizá piensa que no tiene más opción, pero está claro que ha salido de Guatemala para ir a Guatepeor.
Luego está el volátil Kirziguistán. Si no se toman pronto medidas reales y exhaustivas para resolver el daño causado por las purgas étnicas de 2010 en el sur, el país corre peligro de sufrir una nueva ola de violencia de masas. El alcalde ultranacionalista de Osh, Melis Myrzakmatov, que en alguna ocasión ha afirmado que las leyes de Bishkek no se extienden a la ciudad meridional y ahora hace comentarios sobre la posibilidad de crear una policía municipal independiente del ministerio del Interior, seguirá lanzando dardos contra el Gobierno central, sin duda, en 2012.

BURUNDI
  
 
AFP/Getty Images
 
Las declaraciones tranquilizadoras del Gobierno de Buyumbura suenan a hueco, porque el final del consenso de Arusha, que puso fin a la guerra civil en 2000, y el deterioro del clima político tras el boicot de las elecciones de 2010, han contribuido de forma directa a la escalada de la violencia y la inseguridad. Los elementos del acuerdo de paz se están desmantelando uno por uno. La mal disimulada lucha entre la oposición y el partido gobernante, combinada con la represión creciente a manos del Gobierno, está dejando cada vez más víctimas desde los comicios de 2010. Las autoridades acosan a los medios de comunicación independientes, al parecer mediante el encargo de asesinatos selectivos. Al mismo tiempo, la corrupción pública va en aumento, los indicadores relativos al buen gobierno están en rojo y las tensiones sociales crecen a medida que las condiciones de vida se deterioran debido al aumento de precio de las materias primas básicas. Si el Gobierno no toma medidas para invertir estas tendencias, Burundi puede aproximarse de nuevo a una guerra civil en 2012.

REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO
Joseph Kabila ha sido reelegido presidente y ha tomado posesión oficialmente, pero no parece que eso vaya a contentar a sus adversarios políticos, en especial a los partidarios del candidato de la oposición Etienne Tshisekedi. Las votaciones tuvieron muchos defectos: se habla de papeletas marcadas de antemano, intimidación a los votantes, violencia localizada, errores de gestión generalizados y resultados manipulados. La comisión electoral y el Tribunal Supremo estaban llenos de leales a Kabila, por lo que sus decisiones carecen de valor para una oposición indignada que puede quedar al margen durante los próximos cinco años si los resultados de las legislativas se manipulan de la misma forma.
El punto muerto electoral es un síntoma de una tendencia más general. En sus cinco años en el poder, Kabila ha manipulado muchas instituciones nacionales en su favor y ha dejado a sus oponentes con pocas vías para presentar sus quejas de forma pacífica. Los actores internacionales también han ido desentendiéndose de los asuntos congoleños. A pesar de la gran presencia de Naciones Unidas en el país y de la intervención de países donantes como Estados Unidos y Gran Bretaña, junto con la Unión Europea, se ha hecho poca cosa para controlar la consolidación del poder de Kabila.
Mientras los llamamientos a una mediación internacional caen en saco roto en Kinshasa y la mayoría de las capitales occidentales, las autoridades electorales de Congo parecen incapaces de rescatar ni la más mínima credibilidad de los resultados. El mandato ilegítimo de Kabila no solo amenaza la paz y la estabilidad de su país. La apagada respuesta internacional a unas elecciones llenas de problemas y la callada aceptación de los líderes regionales son malos presagios para la democracia en el continente. Si la Unión Africana reaccionara ante los comicios robados con la indignación que se reserva para los golpes –al fin y al cabo, ambas cosas son cambios anticonstitucionales de Gobierno–, los políticos quizá se lo pensarían dos veces antes de hacer trampa.

KENIA/ SOMALIA
Es pronto para saber si la campaña militar que ha emprendido hace poco Kenia en el sur de Somalia conseguirá derrotar a al Shabaab –el grupo terrorista islamista formado durante la fragmentación de la Unión de Tribunales Islámicos, que controló la mayor parte del sur de Somalia durante la última década– o acabará por transformarse en un conflicto sucio y prolongado. Sin embargo, ahora que Kenia va a formar parte de la misión de la Unión Africana en Somalia, da la impresión de que ha ido para quedarse. La prolongación de su presencia en el sur del país podría ser muy impopular, y los riesgos para la estabilidad interna de Kenia son reales. Tras el inicio de la campaña, a mediados de octubre, al Shabaab se apresuró a amenazar con represalias. La posibilidad de una campaña terrorista de al Shabaab es algo que debe tomarse muy en serio, y en Nairobi existe un claro malestar. A finales de octubre, la organización llevó a cabo dos atentados con granadas en la capital, contra objetivos no occidentales sino kenianos. Como consecuencia se detuvo y encarceló a un miembro keniano de al Shabaab. Con posterioridad ha habido varios incidentes cerca de la frontera con Somalia.
Kenia posee una notable población de etnia somalí y, más en general, de religión musulmana, que en su mayoría está en desacuerdo con la intervención militar del Gobierno en Somalia, sobre todo por asociarlo a la lucha antiterrorista de Occidente. Existe un riesgo importante de que la campaña militar agudice una radicalización ya preocupante de los kenianos, sobre todo si sale mal y las muertes civiles se disparan.
En respuesta a la amenaza de atentados de al Shabaab en territorio keniano, el Gobierno ha puesto en marcha una limpieza masiva en áreas en la que la etnia somalí es mayoritaria, con el propósito de sacar a la luz a los partidarios del grupo. Aunque la policía y los servicios de seguridad, en general, han hecho gala de contención, los dirigentes locales en la región fronteriza del nordeste ya han acusado al Ejército de exceso de fuerza. La verdadera prueba llegará si al Shabaab lleva a cabo un gran atentado en Kenia. Existen temores de que esa circunstancia desencadene medidas represivas terribles contra los kenianos de etnia somalí, con graves consecuencias para las relaciones entre las dos comunidades, la cohesión social y la armonía, en particular con vistas a las elecciones generales de este año, las primeras desde las de 2007 que desataron la violencia étnica en todo el país.

VENEZUELA
   
 
 
AFP/Gettyimages
Los índices de homicidios de Venezuela figuran entre los más elevados del hemisferio –el doble que Colombia y el triple que México–, aunque, por lo general, pasen inadvertidos para el mundo. El crimen estaba aumentando ya antes de que Hugo Chávez llegara al poder. Pero, en sus 12 años de mandato, se han disparado, de 4.550 en 1998 a 17.600 el año pasado. Las víctimas son sobre todo hombres jóvenes pobres, que mueren por una cosa tan nimia como un teléfono móvil, atrapados en cruces de disparos entre bandas o incluso en asesinatos extrajudiciales a manos de las fuerzas de seguridad.
La violencia criminal no ha penetrado todavía en la política nacional. Pero los indicios visibles en vísperas de las elecciones presidenciales del próximo año no auguran nada bueno. El régimen tiene milicias locales armadas, formadas por civiles, para, según dice, “defender la revolución”. Hasta ahora no se ha ocupado de la corrupción dentro de las fuerzas de seguridad ni de su complicidad en crímenes y delitos. Las armas son fáciles de conseguir; según dicen, están en circulación más de 12 millones de armas en un país con una población de 29 millones. La impunidad es un gran incentivo para la violencia, y la independencia judicial es muy difícil debido a las agresiones constantes del Gobierno. Según varios cálculos, menos de una de cada 10 investigaciones policiales desemboca en una detención.
Todavía no está claro quién se enfrentará a Chávez por la presidencia, ni sabemos cuánto espacio político tendrán los candidatos para disputarse el cargo. Pero, dado que la mala salud del presidente contribuye de forma considerable a la incertidumbre, que existe una enemistad enconada entre él y varios líderes de la oposición y que la sociedad venezolana está polarizada, militarizada y carece de mecanismos institucionales de resolución de conflictos que sean creíbles, el año que viene puede ser verdaderamente complicado.

Y ahora, las buenas noticias. He aquí dos países cuyas perspectivas para 2012 parecen relativamente buenas:

TÚNEZ
La victoria del partido islamista moderado Al Nahda en las elecciones de octubre es un triunfo de la democracia. Por supuesto, no se pueden ignorar los grandes retos que aguardan aún al país. Existe aún la amenaza de la violencia, por parte de agentes provocadores empeñados en desacreditar a Al Nahda, o de los salafistas radicales que han quedado marginados tras su victoria, o en los pueblos obreros del interior del país, que se han visto más bien olvidados desde la caída del presidente Ben Alí y en los que la situación económica, social y de seguridad continúa empeorando. Los pequeños vestigios que quedan del viejo régimen en los ministerios y la Asamblea Constituyente, aunque no tienen fuerza, todavía podrían incordiar. Y las nuevas élites empresariales parecen demasiado deseosas de adoptar las malas costumbres de sus predecesores. El nuevo Gobierno tendrá que dejar enseguida de discutir por los detalles de la transición –los poderes del primer ministro, la reforma constitucional y las nuevas elecciones– para concentrarse en invertir la tendencia negativa de la economía nacional y abordar la corrupción y el desempleo.
No obstante, el hecho de haber celebrado las primeras elecciones libres y abiertas desde la Primavera Árabe –de manera relativamente transparente y en una atmósfera entusiasta– demuestra sin lugar a dudas que los tunecinos ya tienen mucho de lo que sentirse orgullosos. Si la estabilidad relativa del país pudiera servir de modelo al resto de la región, tampoco estaría mal.

MYANMAR
El Gobierno está cumpliendo sus promesas de reforma: el Ejército ha abandonado la primera línea política; la principal figura de la oposición, Aung San Suu Kyi, está en libertad, dialoga con las altas instancias del Gobierno y va a presentarse a las elecciones; también han salido a la calle muchos otros presos políticos; en el Parlamento se producen auténticos debates que incluso se retransmiten por televisión; y se pueden visitar algunas páginas web que antes estaban prohibidas. Estamos ante una oportunidad fundamental para que este país que tanto tiempo lleva oprimido continúe el rumbo positivo emprendido en 2012.
El mundo exterior, en especial Occidente, debe reaccionar con más diálogo y anulando unas sanciones contraproducentes que han perjudicado a los civiles, pero no han servido para que la junta abandonase el poder. La visita de la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, a principios de diciembre, fue el paso apropiado en el momento oportuno, pero no es suficiente. Entre las próximas medidas del régimen de las que habrá que estar pendientes figuran la liberación de todos los presos políticos aún encarcelados, la aprobación de una nueva ley de medios de comunicación que acabe con la censura y la firma de altos al fuego con los grupos étnicos armados, que sería un paso fundamental hacia el fin de los abusos del Ejército en esos conflictos fronterizos.