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8 dic. 2011


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Miércoles 7 de Diciembre del 2011
Los seis Leonel Fernández que yo conozco    
Link Directo: http://www.elnuevodiario.com.do/app/article.aspx?id=267542
He venido observando y reflexionando acerca de la trayectoria política del Presidente Leonel Fernández, que muy pronto completará sus doce años de gobierno. De entrada debo admitir que mis consideraciones en torno al hombre público no son definitivas, que podrían ser modificadas en el porvenir, dependiendo del discurrir de los hechos en que habrá de participar porque todavía es un personaje relativamente joven y la historia política dominicana nos enseña que los ex presidentes jóvenes vuelven a ocupar el solio presidencial.
La única ocasión en la que saludé al ahora Presidente de la República fue ante el bedel de la Facultad de Humanidades de la UASD, cuando casualmente nos encontramos y nos tendimos las manos. Era Leonel en esos años un joven académico muy bien formado, inteligente, brillante expositor; su humildad y su sencillez eran cualidades también muy admiradas.
Llevaba casi veinte años que había ingresado al PLD cuando nos saludamos. Recuerdo que en los medios impresos del partido escribía artículos de opinión con bastante frecuencia,  al igual que en los diarios nacionales. Con frecuencia impartía charlas y conferencias y participaba en algunos programas de televisión, aunque seguía siendo un desconocido para la mayoría de los dominicanos, hasta que Juan Bosch lo escogió candidato vicepresidencial en las elecciones de 1994.
El primer Leonel Fernández conocido no desempeñó ninguna función pública; no había sido ni Regidor ni Diputado, pero gozaba ya de cierto prestigio intelectual y académico, dentro y fuera del partido. Incluso Bosch lo comparó en una ocasión con “una mina de oro”. Cada vez que Juan Bosch participaba en las elecciones presidenciales, se hacía acompañar de un candidato joven a la vicepresidencia y Leonel sería el último.
El segundo Leonel Fernández empieza con el retiro del maestro de la vida pública dominicana, circunstancia que viabilizó, meses después, su escogencia como candidato presidencial del PLD para las elecciones de 1996. Su debut como candidato presidencial lo hizo acercándose al caudillo colorao, contra quien había publicado un ensayo para demostrar que el gobierno surgido de las ‘elecciones’ de 1990 era “un poder usurpado”. Pero no importa, había que olvidar ese pasado grimoso y asociarse con el viejo y agotado caudillo, cuyo sistema político había sido desmontado, destruido con las reformas políticas, electorales y judiciales surgidas del Pacto por la Democracia que le ahorró a la nación una nueva guerra civil, tan pronto se produjo el fraude colosal del 16 de mayo de 1994.
En las elecciones de 1996 los dos viejos caudillos de la política dominicana son los grandes ausentes. Bosch se había retirado de la política y Balaguer no puede ser candidato porque se había eliminado de la Constitución, vigente desde 1966, la fatídica reelección presidencial. Por algunas razones, a Balaguer no le agradaba la candidatura presidencial de Jacinto Peynado, un hombre emprendedor y con mucho carácter que si alcanzaba el poder jamás sería una marioneta del zorro que nunca se mudó de su residencia, ubicada en la avenida Máximo Gómez de la capital. Al viejo zorro tampoco le agradaba la figura de José Francisco Peña Gómez, de manera que aquel sería el mejor de los mementos para que Leonel Fernández, que había sido escogido candidato presidencial del PLD, se acercara al hombre que había jurado que sólo con la muerte se retiraría de la política.
Era aquel un bisoño candidato presidencial dispuesto a darlo todo a cambio de algún respaldo, abierto o encubierto, proveniente del caudillo resentido. Antes de la primera vuelta electoral de 1996 encontramos al joven candidato atacando con furia, no al gobierno, sino al principal candidato de la oposición, mientras visitaba a menudo al líder del conservadurismo dominicano, que lo recibía en su casa con su habitual sonrisa y aparente amabilidad. Aquellos encuentros públicos no eran fortuitos; obedecían a una alianza secreta que luego se hizo pública con la formación, el 2 de junio, del llamado ‘Frente Patriótico’ que catapultó al poder a Leonel Fernández en la segunda vuelta electoral, iniciándose así su tercera fase en la vida pública dominicana.
En los siguientes cuatro años observamos a un tercer Leonel Fernández; ahora es el Presidente de la República, el hombre que debe sentirse agradecido del caudillo que antes de morir donó su biblioteca personal a una institución ‘sin fines de lucro’. En su primer gobierno, esencialmente neoliberal, mejoró la eficiencia de los servicios públicos, aumentó las recaudaciones fiscales, construyó túneles y elevados, ordenó el asalto a la Liga Municipal Dominicana, desconoció a la nueva Junta Central Electoral, compró a varios representantes de la oposición para controlar la Cámara de Diputados, no cumplió con su promesa de investigar la desaparición de Narciso González, tomó numerosos préstamos internacionales pero redujo el monto absoluto de la deuda externa, privatizó las empresas públicas que quedaban, descubrió su vocación por los viajes al exterior, mientras los reformistas disgustados muy pronto lo bautizaron con el mote de ‘comesolo’ que lo sepultó nuevamente en el fango de la más rabiosa oposición al nuevo gobierno surgido de las elecciones del año 2000.
El ex Presidente acaba de regresar a la oposición y vive atormentado por las acusaciones de corrupción que salen de algunos funcionarios del gobierno de Hipólito Mejía. Es un opositor distinto al primer Leonel Fernández que conocimos cuando militaba en el PLD de Juan Bosch. Ahora entró en una nueva fase de su vida. Diríamos que es el cuarto Leonel Fernández conocido. Bosch acababa de morir y el PLD eligió al ex Presidente nuevo líder del partido.
Aún así, no pudo evitar la tercera derrota en línea en las elecciones de medio términos de 2002, pero el hombre parece haber nacido como la auyama porque muy pronto afloraron las ambiciones continuistas de los legisladores del PRD que buscaban modificar la Constitución de 1994 para prologarse en sus puestos y reponer la ‘maldita’ reelección que tantas desgracias y sepulturas a acarreado a la nación. Y en los primeros meses de 2003 empezaron los escándalos de corrupción y el destape de los fraudes bancarios.
Leonel observó que había llegado el momento oportuno para arreciar con furia sus ataques contra el gobierno y en un mitin celebrado el 25 de mayo en el Palacio de los Deportes, acusó al gobierno de siniestro, “porque siniestro es sinónimo de adverso, de mal agüero, amargo, calamitoso, catastrófico” y muchos otros epítetos reveladores de que le hacía dura oposición al gobierno que en una ocasión anterior lo hizo sudar cuando fue citado al Palacio de la Suprema Corte de Justicia y lo hizo acompañado con cientos de sus seguidores.
En sus años de jefe de la oposición también acusó al gobierno de ser el responsable de los fraudes bancarios, un tema muy complejo que concluyó, años después, con una sentencia definitiva emitida por la Suprema Corte de Justicia. Más adelante, porque el agua se aclara sola al paso de la corriente, se sabrá con más precisión quiénes fueron los primeros responsables y los grandes beneficiarios de los fraudes bancarios que provocaron la ruina social y económica de los dominicanos.
Cuando estaba en la oposición, Leonel Fernández también escribía artículos en el Listín Diario atacando los bonos soberanos y el endeudamiento externo del gobierno de Hipólito Mejía. Si copiláramos todos los artículos y declaraciones del ex Presidente y sus seguidores atacando la “alocada política del endeudamiento externo” de los gobiernos del PRD, de seguro que reuniríamos una amplia e interesante colección antológica, digna de ser recordada.
La crisis bancaria y sus efectos inmediatos, más los intentos continuistas de Hipólito Mejía colocaron al jefe de la oposición en primer lugar, de acuerdo a las encuestas que lo situaban por encima del 50 por ciento en la intención del voto con miras a las elecciones de 2004. Un pasado de “progreso, estabilidad, confianza, modernización y crecimiento económico” era el contraste con un presente caótico, de elevada inflación, de devaluación profunda del peso, de retroceso e incapacidad en el manejo de la crisis, en fin, todo un memorial de agravios que el discurso opositor repetía y resaltaba con furia, hasta que la mayoría del pueblo lo aceptó nuevamente, siempre en espera de mejor suerte.
Ganó ampliamente las elecciones y así empezamos a conocer al quinto y al sexto Leonel Fernández. El quinto Leonel que he venido observando, es el nuevo Presidente que muy pronto completará dos períodos de gobierno consecutivo. Y el sexto es el Presidente viajero, que tiene un discurso diferente para cada ocasión, para cada escenario que visita. Veamos el quinto.
Es indiscutible que ningún político ejerce dos gobiernos iguales en dos períodos diferentes. Los doce años de Balaguer fueron diferentes a sus últimos diez años de gobierno. El primer gobierno de Leonel fue muy diferente a su dos últimos gobiernos y si Hipólito Mejía vuelve a ser Presidente, de seguro hará otro gobierno diferente, porque diferentes serán las circunstancias en que volverá a gobernar. Por ejemplo, en el primer gobierno de Leonel Fernández la deuda externa en vez de subir, bajó, contrario a lo que ha ocurrido en sus dos últimos gobiernos, donde la deuda se ha disparado enormemente.
Otro ejemplo que marca la diferencia entre el primer gobierno de Fernández y sus dos últimos, es la austeridad con que se desenvolvió en el primero y el despilfarro de los fondos públicos en que ha venido sustentando la base social de sus dos últimas administraciones.
El quinto Leonel Fernández ha sustentado su liderazgo en la política clientelar, en enormes subsidios, irresistibles para el próximo gobierno; en la construcción de mega proyectos (trenes urbanos, nuevos elevados, túneles, corredores y autopistas costeras) que dejan jugosas comisiones.
En los últimos siete años, una nueva camada de millonarios ha venido a ensombrecer el ejercicio ético de la política que tanto deleitó en el pasado al primer Leonel Fernández que yo conocí. Ahora no hay vuelta floja, todos los cabos están atados para entorpecer cualquier iniciativa anticorrupción, o para volver al escenario de la competencia electoral en un futuro no muy lejano.
El quinto Leonel Fernández que se despide con la más alta tasa de rechazo, no es un Leonel cualquiera; es un hombre de Estado y multimillonario que tendrá en sus bolsillos todos los poderes públicos que le confiere la nueva Constitución, su Constitución, concebida, discutida y aprobada a su manera, con reelección y sin reelección; todo dependerá de su lectura, aunque en el nuevo texto no exista la figura del referendo revocatorio, con el cual pudo haber sido fulminado por la ira de sus contrarios, que ahora suman el 63 por ciento de los electores.
En los últimos siete años he podido meditar acerca de un sexto Leonel Fernández: es el Presidente viajero, el más viajero que he conocido, seguido de Hipólito Mejía. Jamás hemos sabido sobre los resultados tangibles de tantos viajes, que ahora no puedo enumerar.
Los corifeos del gobierno, cuya lista es bien larga, han difundido ‘las virtudes y los beneficios’ de los continuos viajes del Presidente a numerosos países del mundo, donde promueve la inversión extranjera y dicta conferencias magistrales. Y leyendo los resúmenes de prensa que nos sirven los periodistas que lo acompañan, he visto que Leonel tiene un discurso diferente para cada ocasión. Por ejemplo, si visita a Colombia, condena las acciones violentas de los grupos guerrilleros que combaten allí desde hace 60 años; si visita a Venezuela es más chavista que Chávez; si visita a España y gobierna el PSOE se declara partidario de la socialdemocracia, que Bosch consideraba una estafa política; si visita la Universidad de La Habana, en Cuba, allí le entra al capitalismo salvaje; si discursea en la ONU, llama a combatir la especulación mundial en los precios de los alimentos y el petróleo, pero se muestra incapaz de combatir la especulación doméstica en la comercialización de los combustibles y la importación desleal de productos agropecuarios.
Ese sexto Leonel Fernández lo conocí leyendo parte de sus pronunciamientos en el exterior, donde se revela como un hombre sin rumbo fijo, sin principios; este sexto hombre es el político pragmático que ha sido siempre, el típico camaleón que cambia de color acorde con el medio que le rodea. Su intención es resguardarse y hacerse el simpático en el complejo mundo en que vivimos, porque creo que aspira a ser un futuro Secretario General de las Naciones Unidas.
Cuando deje el gobierno el 16 de agosto de 2012, veremos un séptimo Leonel Fernández. Y Si llegare a ser Secretario General de la ONU, o si volviera a ser Presidente de la República en el año 2016, o tal vez en el 2020, estoy muy seguro que si sobrevivimos, conoceremos a otros Leonel Fernández.
¿Cómo serán el séptimo, octavo y el noveno Leonel Fernández?
- Filiberto Cruz Sánchez