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10 dic. 2011

El calendario hebreo y sus orígenes pastoriles



La luna nueva determinaba el comienzo del año

Los antecedentes nómadas

Desde tiempos ignotos, las observaciones del Sol y la Luna llegaron a constituir referentes astronómicos que serían utilizados para elaborar calendarios con los que determinar la periodicidad de los ciclos estacionales que habrían de condicionar las actividades pastoriles o agrícolas necesarias para la supervivencia de las distintas comunidades humanas.

El pastoreo constituyó una actividad de subsistencia desarrollada entre los pueblos de pastores nómadas y seminómadas que hacia el último cuarto del segundo milenio a.C. deambulaban por las tierras limítrofes del norte del desierto arábigo con Canaán.

La llegada de la estación vernal en esta región del hemisferio boreal era propicia para que se produjesen los nacimientos de las crías entre los rebaños de ovejas que seguían a aquellos pueblos pastores.

Con este motivo se sacrificaba un cordero y se practicaban rituales mágicos en búsqueda de la complacencia de algunas divinidades, a fin de que las condiciones favorables les acompañasen el resto del año.

El sacrificio del cordero y los rituales mágicos, tenían lugar durante la primera noche de la primera luna nueva acontecida tras la llegada del tiempo en que nacían las crías de las ovejas, y debían presidir el inicio de la migración anual de los pastores en busca de nuevos pastos.

Esta práctica ritual se mantuvo viva a través de la memoria colectiva que dominaba la psique de las distintas tribus hebreas, y que fue transmitida de generación en generación hasta constituir una constatación antropológica que tuvo su reflejo en la elaboración de los escritos sagrados hebreos en tiempos ya históricos.

Según la cronología establecida en los textos veterotestamentarios, la alusión más antigua al sacrificio de un animal es implícita, y se encuentra en Génesis 3, 21.

Pero es en Génesis 4, 2-4, donde aparece la primera referencia explícita al sacrificio ritual de un animal..

2 Volvió a parir y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor, y Caín Labrador; 3 y al cabo de tiempo hizo Caín ofrenda a Jahvé de los frutos de la tierra, 4 y se lo hizo también Abel de los primogénitos de su ganado, de lo mejor de ellos; y agradóse Jahvé de Abel y su ofrenda,

El autor del texto bíblico da por hecho que los primeros seres humanos ya conocían la agricultura, hecho que da certera fe de su absoluta descontextualización, pero lo más destacado que se infiere de estos versículos es que se puede establecer una correlación temporal entre la época de la cosecha y la del nacimiento de las crías del ganado

El ritual pastoril nómada o seminómada debió preceder al agrícola, evidente efecto de la sedentarización. Es posible entonces que durante el proceso de establecimiento en Canaán, los rituales pastoriles que regían hasta entonces las vidas de esos pueblos, fuesen transformándose a medida que lo hacía la psicología que condicionaba su modo de vida, de tal manera que la mentalidad nómada o seminómada y pastoril, iría metamorfoseándose en otra sedentaria y agrícola.

De este modo, la transformación de los rituales pastoriles en agrícolas, no habrían constituido sino el reflejo psicológico de un cambio de prioridades cerebrales sobrevenido a consecuencia de la necesidad de adaptarse a las nuevas formas que la sedentarización traía consigo.

La pervivencia de un calendario que instituye un año sagrado por un lado, y de otro calendario que instituye un año civil por otro, fueron consecuencia del proceso de sedentarización y la pervivencia de reminiscencias nómadas o seminómadas.

Tanto la institución del año sagrado que comenzaba hacia el comienzo de la primavera, como la del civil que lo hacía a comienzos del otoño, estuvieron ligados al ciclo agrícola, y por lo tanto al modo de vida sedentario.

Pero esta apreciación que a priori se deduce de los textos veterotestamentarios no parece del todo correcta cuando del análisis antropológico se puede inferir que el año sagrado podría estar ligado a hechos que en realidad tenían relación con actividades pastoriles y pre sedentarias.

Asociar el comienzo del año sagrado al tiempo en que comenzaba la primavera y tenía lugar la madurez de la espiga, no habría sido entonces más que una adaptación del ritual pastoril más antiguo, que tenía que ver con el nacimiento de las crías de las ovejas y el consecuente sacrifico del cordero.

La institucionalización del calendario civil asociado al ciclo agrícola que comenzaba en otoño con la estación de la siembra, habría sido entonces posterior a la de la institucionalización del calendario sagrado, asociado a la actividad pastoril nómada y seminómada que se desarrollaba entre las tribus hebreas antes incluso de que estas se hubiesen asentado en el interior de Canaán.

Precisamente es en Génesis 4,4 donde queda constancia de que el ritual pastoril del sacrificio del cordero era anterior al período en que la consciencia hebrea situaba su historia dentro de los límites de Canáan..

Y en Levítico 23, 12 podemos observar nítidamente la asociación que se establece entre la cosecha de la cebada, el sacrificio del cordero, y la celebración de la Pascua..

12 y el día que ofrezcáis la gavilla, sacrificaréis en holocausto a Jahvé un cordero primal sin defecto,

La determinante Pascua de Jahvé

La ley mosaica establece en Exodo 34, 18 un tiempo concreto para celebrar la Pascua de Jahvé que debía coincidir con el acontecimiento que supuso la salida de los hebreos de Egipto, hecho que según la tradición tuvo lugar en la época del año que se correspondería con el período marzo-abrli, el comienzo de la primavera, cuando las espigas de la cebada alcanzaban su madurez para ser cosechadas (Abib).

La descontextualización del referido texto del Exodo se hace evidente al relacionar un hecho agrícola que teóricamente acontecía en la Tierra Prometida, la maduración de las espigas de la cebada, con la estancia de los hebreos en Egipto mucho tiempo antes de que estos hubiesen visto siquiera los cultivos de cebada sembrados en las tierras de Canaán y estudiado su ciclo de reproducción..

La misma estancia de los hebreos en el desierto de Sinaí durante cuarenta años resulta incompatible con el seguimiento de un ritual agrícola que habría de acontecer en una tierra que les era desconocida.

En Exodo 13, 8 se decreta que la Pascua quedó establecida como un recordatorio de lo que Jahvé hizo con el pueblo hebreo cuando lo sacó de Egipto.

Y en Exodo 13, 10 se establece que el ritual de la Pascua a de guardarse en su tiempo debido de año en año.

El relato bíblico señala en Números 9, 1-11 como la festividad pascual, a pesar de haber sido celebrada a su tiempo durante el periplo de los hebreos por el desierto del Sinaí,  tuvo el contratiempo de que había algunos miembros tribales a los que no se les permitió celebrarla entonces debido a que en ese momento no cumplían con los requisitos de pureza requeridos a causa de su trabajo.

Esto se dirigieron a Moisés para solicitarle una solución que no les hiciese quedarse al margen de tan sagrada celebración. El texto relata como Moisés le pide consejo a Jahvé para que le indique lo que al respecto debe hacer, y como este le dice que bajo determinadas circunstancias es lícito celebrar la Pascua a destiempo.

En otro relato bíblico contenido en 2 Crónicas se alude también a la posibilidad permitida por Jahvé de celebrar la Pascua en fecha diferente a la decretada para ello.

Con motivo de la ascensión al trono de Judá, se dice que Ezequías restableció el culto del Templo, según parece olvidado durante mucho tiempo, al acceder a su reinado

En 2 Crónicas 29, 34, se refiere que había escasez de sacerdotes en Jerusalén en ese tiempo, por lo que los sacerdotes tuvieron que ser ayudados por levitas en la disposición de los prolegómenos que precedían la celebración de la Pascua.

A la escasez de sacerdotes disponibles para realizar los sacrificios rituales necesarios para la celebración de la Pascua, se unió el contratiempo, relatado en 2 Crónicas 30, 2-3, de que a la llegada de la fecha señalada, el día catorce del primer mes, no habían aún suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se encontraba reunido en la ciudad en la cuantía que la ocasión requería.

Por todas estas razones parece ser que Ezequías se vio obligado a postergar la fecha de celebración de la Pascua al día catorce del segundo mes, tal como se señala en 2 Crónicas 30, 15.

Con la finalidad de que en esta ocasión no se diesen los impedimentos que causaron la postergación de la festividad pascual en el tiempo señalado para ello, el texto veterotestamentario nos deja constancia en 2 Crónicas 30, 5 de que en esta ocasión Ezequiel se precavió haciendo llamamientos por todo el territorio de Judea al pueblo.

Se pretendía con ello conseguir que este acudiese a Jerusalén a celebrar la  festividad sagrada que del mismo del texto se desprende no era celebrada desde hacía tiempo, tal como la ley mosaica prescribía.

La celebración de la Pascua debía coincidir con la llegada de la primavera, que se identificaba con el tiempo en que la espiga de la cebada alcanzaba el estado de madurez (Abib).

Para hacer coincidir estos dos acontecimientos, de mandato obligado según Éxodo 34, 18, debían realizarse ajustes en el calendario cada cierto tiempo, lo que implicaba la necesidad de añadir días extras al ciclo de meses lunares. La negligencia a la hora de no cumplir con esta norma suponía el incumplimiento de la ley mosaica, hecho que como se refleja en 2 Crónicas 30, 15, embargaba de vergüenza a sacerdotes y levitas.

Cumplir con el mandamiento expuesto en Éxodo 34, 18 exigía ajustar el calendario lunar al año estacional cada pocos años, lo que teóricamente podían conseguir añadiendo días al último mes de aquel calendario. Sin la implementación de esta imprescindible concordancia con el ciclo solar, no sería posible hacer coincidir año tras año la celebración de la Pascua con el tiempo en que la espiga de la cebada alcanzaba el estado de madurez.

Aplicando un año estrictamente lunar, compuesto de doce meses alternativos de veintinueve y treinta días, el ciclo de rotación duraría aproximadamente trescientos cincuenta y cuatro días, por lo que al producirse un desfase de más o menos once días cada año con respecto al año lunar, al cabo de tres o cuatro años no sería ya posible hacer coincidir Pascua y Abib.

La celebración de la primera festividad pascual ya en tierras de Canaán es relatada en Josué 5, 10-12..

10 Los hijos de Israel acamparon en Caígala; y allí, el día catorce del mes, celebraron la Pascua, a la tarde, en los llanos de Jericó.” 11 Comieron de los frutos de la tierra, desde el día después de la Pascua, panes ácimos y trigo tostado ya aquel mismo día;” 12 y el día siguiente de comer de los frutos de la tierra, no tuvieron ya el maná, y comieron ya aquel año de los frutos de la tierra de Canaán.

Si el calendario hebreo hubiese sido estrictamente lunar, al año siguiente el Pesaj habría tenido lugar 11 días antes del tiempo de maduración de la espiga de la cebada. Como cada año que transcurriese tendría que retrasarse en 11 días el comenzó del año, a partir del tercero o cuarto, este comienzo ya no habría coincidido con la época en que acontecía la maduración de la espiga de la cebada..

Con este razonamiento en fácil inferir que mediante la aplicación de un calendario estrictamente lunar, el comienzo del nuevo año dejaría de dejar de coincidir con el de la llegada de la primavera en pocos años..lo que a su vez implicaría el desfase de esta con respecto a la celebración de la Pascua.

El calendario lunisolar hebreo respecto del calendario lunar islámico

En año civil tiene hebreo tiene su inicio en el mes de Tishri (generalmente Septiembre-Octubre), no siendo este nombrado en la Biblia, sino en el Talmud.

Comienza con la primera luna nueva que sigue al equinoccio de otoño, y desde tiempo inmemorial se le hacía coincidir con el inicio del otoño boreal.

La necesidad de hacer coincidir los comienzos tanto del año civil como del sagrado con el ciclo solar, con la finalidad de que respectivamente se asociasen a la estación de la siembra y a la de la cosecha, hizo que los calendarios que definían uno y otro año fuesen de naturaleza lunisolar.

Los calendarios estrictamente lunares no son capaces de hacer coincidir el año con el ciclo trópico. Es el caso del calendario islámico, que no tiene en cuenta el ciclo trópico para determinar cuando a de comenzar el año, pues este puede hacerlo en cualquier época.

Conociendo la práctica judía de añadir cada pocos años un mes de treinta días al último de los doce meses del año lunar, el Corán la condenó expresamente en 9, 36-37, El Arrepentimiento.

36. El número de meses para Al-lâh son doce, inscritos en El Libro de Al-lâh el Día que creó los Universos y la Tierra; de ellos cuatro son inviolables. Éste es el verdadero dîn: —¡No os oprimáis en ellas ni a vuestro “sí mismo” ni a los demás!. ¡Y combatid todos juntos a los asociadores de la misma forma que ellos os combaten todos juntos! ¡Y sabed que, en verdad, Al-lâh está junto con los muttaqîn!
37. ¡En verdad, al intercalar [los meses inviolables], no hace más que intensificar en el kufr con el cuál se extravía a aquéllos que son kafirûn! ¡Lo declaran [un año] lícito y otro inviolable, para hacerlo coincidir con el número de meses que Al-lâh ha establecido como inviolables! ¡Así hacen lícito lo que Al-lâh hizo inviolable; adornado para ellos sus malas acciones! ¡Y Al-lâh no guía a las gentes que son kâfirûn! (Traducción-interpretación de Abdal-lah)

El Sol y la luna como señales para determinar las estaciones

El relato bíblico deja claro que únicamente la cebada que crecía en Canáan, la Tierra Prometida, podía ser considerada podía ser considerada por los hebreos como referencia para determinar el comienzo de su año..

Al respecto, en Levítico 23, 10-11, se dice..

10 “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os daré y hagáis en ella la recolección, llevaréis al sacerdote una gavilla de espigas, primicias de vuestra recolección; 11 y él agitará la gavilla ante Jahvé para que os sea propicio; el sacerdote la agitará al día siguiente al sábado,”

La lectura del Levítico deja claro que desde la perspectiva psicológica hebrea, la celebración de la Pascua solo podía establecerse después de conocer si la espiga de la cebada había llegado al estado de Abib en Canáan..

La necesidad de hacer ajustes en el calendario que seguía al ciclo de los meses lunares para acompasarlo al año trópico, la encontramos en Génesis 1, 14..

14 Dijo luego Dios: “Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche y servir de señales a estaciones, días y años;”

Y dos versículos más adelante continua el relato del Génesis de la siguiente manera..

16 Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas;

A pesar de que los meses eran lunares, el ciclo anual estaba condicionado tanto por la Luna como por el Sol, puesto que ambos servían de señales para las estaciones (moedim).

Según el relato del Génesis, después de la salida de Egipto y antes de llegar a los límites de Canáan, los hebreos deambularon durante 40 años por el desierto.

Evidentemente, las referencias a las espigas de la cebada que alcanzaban el estado de Abib a partir del cual ya solo había que esperar a la luna nueva que seguía a este acontecimiento para comenzar el año nuevo, aludían a la estancia de los hebreos en Canaán, pues en el desierto de Sinaí no habían espigas de cebada sobre las centrar la atención para poder así determinar el comienzo del nuevo año..

Los hebreos que deambulaban por el desierto, no podían tomar como referencia para comenzar cíclicamente su nuevo año, un suceso biológico-botánico que acontecía en una tierra que ni tan siquiera conocían.
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