LA NO REELECCION PRESIDENCIAL EN LA HISTORIA CONSTITUCIONAL DOMINICANA
Fuente: Fernando Pérez Memén, Publicado en BAGN_ 1884_No. 107-05
De los puntos de reforma constitucional que están en el debate político cotidiano el más relevante es que se refiere a la no reelección presidencial, principio que expresa la pequeña burguesía emergente cuando quiso en 1844 constituir el Estado Dominicano conforme con las ideas de la democracia representativa.
Pero en nuestro país, como en la América Latina, el ideal chocó contra la realidad. El Nuevo Mundo cortó los lazos políticos con Europa, empero, ésta mantuvo sus encuadramientos estructurales y mentales, y por consiguiente, dejó en vigencia los valores coloniales de la dominación, entre otros, el personalismo, el paternalismo, el autoritarismo y el clientelismo administrativo.
Así la utopía entró en contradicción con la estructura social que afirmaba la permanencia de este momento dominante. Y fruto de esa contradicción es que Latinoamérica < como afirma Jacques Lambert es el campo más fértil para las “leyes del cielo azul” las que define como “aquellas que intentan dar a las sociedades humanas una pureza celestial, aquellas leyes que provocaron los deseos de reformas necesarias pero su realización se retrasa en medio de un exceso de palabras”
A diferencia del legislador haitiano que reiteró el principio de la Presidencia vitalicia de la Ley Fundamental de Toussaint en la Constitución del 1843-modelo, al igual que la del 1787 de los Estados Unidos, la de Cáliz de 1812 y las francesas de 1799 y 1804, el legislador dominicano estableció el principio de la alterabilidad en el artículo 98 de la Carta Sustantiva de 1844.
La espada, sin embargo, se impuso a la toga, y se le obligó a intercalar el artículo 206 que exceptuaba a Santana, Presidente en ese momento, para que “ conservara su cargo durante dos periodos consecutivos….. (Peña Batlle A. Constitución Política y Reformas Constitucionales, Edición de ONAP. Sto. Dgo) Y a más de esto, el espíritu liberal del texto se comprime y se niega el legitimar por el articulo 210 la dictadura.
Desde ese entonces todo el devenir constitucional dominicano ha sido un contrapunto entre la reiteración del principio de la alterabilidad y la imposición del continuismo.
El principio de la alterabilidad queda consagrado en la Carta Sustantiva del 1844, en la revisión de febrero de 1854. En la Constitución de Moca de 1858, en las reformas de 1865, de 1875, de 1878, de 1881, de 1887, de 1924, de 1927, , del 9 de septiembre de 1929 y en la de 1963. Excepto éste último, los anteriores textos constitucionales sólo prohíben la reelección consecutiva del Presidente y justifican su nueva elección pasado el periodo siguiente de su mandato.
Así la Ley Fundamental del 1844, en su Artículo 98, declara taxativamente “ninguno puede ser reelecto Presidente de la República, sino después de un intervalo de cuatro año”.
En cuanto al continuismo el primer texto que lo legitima es la revisión del 1872, cuyo artículo 29 expresa que “El Presidente de la República puede ser reelecto indefinidamente”. El mismo principio se repite en las revisiones de 1879, de 1880 esta última sólo permite la reelección para el periodo inmediato, de 1896, de 1907, de 1908, de la del 20 de junio de 1929, de 1934, de 1942, de 1947, de 1955, de 1959, 28 de junio de 1960, , 2 de diciembre de 1960, y la del 1966,
En relación al periodo de gobierno la mayoría de los textos siguen el del 1844. Que estatuyó cuatro años. Pero hay otros que establecen seis años: como la revisión de diciembre de 1854, la de 1872, y la reforma de 1908: otros textos establecen cinco años como el de 1842. Los períodos más cortos son los de un año de la reforma de 1878; y de dos años de la revisiones del 1879, de 1880 y de 1881
Otros rasgo característico de la historia constitucional es la consagración, en algunos textos, del Poder Ejecutivo unipersonal y centralista, y en otros, el Poder Ejecutivo Plural. El Constituyente del 1844 estableció que: “El Poder Ejecutivo se delega a un ciudadano que toma el título de Presidente de la República”. Y le otorgó amplias e ilimitadas facultades que a veces limita la esfera de los otros poderes del Estado, por ejemplo, el nombramiento de los empleados del ´Poder Judicial, y hasta la facultad de nombrar los empleados de los Ayuntamientos conforme con las reformas constitucionales de 1934, 1942, 1947, 1959, 28 de junio de 1960, y 2 de diciembre de este último año.
El Poder Ejecutivo Plural se estatuye en la reforma de 1878, cuyo Artículo 51 reza “ El Poder Ejecutivo se ejerce por el Presidente de la República en unión de los Secretarios de Estado en los respectivos Despachos, como órganos inmediatos”. El Constituyente de 1887 mantuvo ese texto, y solamente concedió al Presidente de la República como facultad única, la de nombrar los Secretarios de Estado, aceptarles su renuncia y removerlos cuando lo juzgase conveniente (Art.50.
Las extensas facultades que hasta entonces la Constitución otorgaba al Primer Magistrado de la Nación, le fueron conferidas al “Presidente de la República en unión con los Secretarios de Estado en los respectivos Despachos”. Desde el 1878 o su se quiere desde 1887 hasta el 1907, el Poder Ejecutivo no fue unipersonal.
Sin el freno de la no reelección, y con el carácter unipersonal y centralista del Poder Ejecutivo, que le confiere la Constitución, el Primer Magistrado está permanentemente tentado a caer en el personalismo y el autoritarismo, y por consiguiente, a limitar el espíritu democrático que sustenta desde 1844 el devenir constitucional de la Nación.
El pueblo dominicano a lo largo de su accidentada historia ha dado muestra de su vocación anti reeleccionista, y percibe y vive su historia como hazaña de la libertad. En este sentido la reforma constitucional que está sobre el tapete. No sólo debe consagrar la no reelección presidencial, sino también la descentralización administrativa y el Poder Ejecutivo Plural
Medio de difusión de los acontecimientos culturales, sociales, históricos, políticos, económicos, La Vega, la Región y el País, para su estudio, conocimiento y divulgación
23 nov 2010
TOMAS BOBADILLA BRIONES.

TOMAS BOBADILLA BRIONES.
Fuente: Ramón Lugo Lovaton, Notas sobre Tomas Bobadilla Briones, Listín Diario, Sto Dgo, 13 y 29 de noviembre 1933, y la Nación, 14 y 22 de septiembre; 4, 20 y 29 de octubre 1946
Por espacio de sesenta años (1811 a 1881), el hombre terrible de las cámaras palaciegas presidenciales, confidente de todos los grandes mandatarios dominicanos, de algunos de Haití y otros de España: arca de misterios en las cosa públicas, Sargazo sin oleaje donde concurren a dialogar vidas y haciendas ajenas: faro de perversos y apoyo de revolucionarios; lente que, como ninguna otra enfoca con serenidad los problemas generales, y lupa colocada sobre el plano de la vida de todos los hombres.
Todo lo es Bobadilla; águila que se remonta y reptil que se arrastra; bálsamo que calma y veneno que corroe; luz que tranquiliza y sombras que espantan; calma que atrae y tempestad que mata.
Tomás Bobadilla Briones, el hombre de ayer, de hoy, de siempre, sin el no se puede contar la historia de la Nación Dominicana, en cada unos de los episodios está presente esta figura sin igual, sentado como un sacerdote pagano entre los altos picos de la fe en el ideal, lucha de luces y de sombras.
Hombre físicamente fuerte, espiritualmente acerado, sereno, calculador como una máquina de de pensar aplicada a la política. Catacumbas que atraen, océanos que se encrespan, cielos que se nublan. Este hombre es; mano que firma, voz que delata, ojos que escrutan, y cerebro que vigila. Era de aquellos hombres como decía José Martí, “se quedan despiertos cuando todos duermen”.
Goliat infatigable que cruza por el panorama político dominicano. Maquiavelo le hubiese dispensado el alto honor de su saludo.
Estamos en la presencia de uno de los hombres más extraordinarios, importantes, raros, y complicados de la historia nacional, cuya vida singularísima es casi desconocidos, aguarda paciente desde su desconocida y perdida tumba en Puerto Príncipe, Haití, el puesto que la posteridad ha de brindarle, para el bien o para el mal, o simplemente para el conocimiento de este hombre que tuvo un papel de primer orden en los acontecimientos que culminaron con la formación de la nacionalidad dominicana.
Tomás Bobadilla nació en el valle de Nayba el 30 de marzo de 1786, fueron sus padres: Vicente Bobadilla y Gregoria Briones, contrajo matrimonio civil en la ciudad de Santo Domingo, el 12 de marzo de 1832, con María Virginia Desmiet D´Olbreuse, mientras desempeñaba el cargo de Director de la Escuela Nacional. El matrimonio religioso tuvo lugar en La Catedral el día 30 del mismo mes.
Murió en el ostracismo, en la ciudad de Puerto Príncipe, Haití, el 21 de diciembre de 1871. Al cerrar sus ojos, llevaba la carga sobre sus hombros de 85 años de edad. A si terminaba la tenebrosa vida política es seis épocas distintas del acontecer de la República Dominicana: 1) España Boba, 2) Dominación Haitiana, 3) Estado Independiente de Haití Español,4) República Dominicana hasta 1860, y 5) Restauración y Periodo post restaurador hasta 1868 cuando se destierra a Bobadilla con el caído gobierno de Cabral.
Bobadilla, fue un hombre raro, complicado y enigmático. Su tarea política no logró nunca agotar ni su resistencia física ni su tremenda capacidad intelectual, valía, trabajando por varios hombres. Santana, le llamaba “Mi Ministro Universal”, Duarte, le llamaba con el caritativo irónicamente de “Pandora” pero lo consideraba un hombre extraordinario. La comparsa santanista le temía. Jiménez lo respetaba. Y desde los altos representante de la Iglesia Dominicana hasta los hombres más humildes del pueblo, lo miraban con mezcla de admiración y recelo.
Nadie como Bobadilla llego a sembrar durante las décadas en que actuara, mayores dudas y mejores esperanzas, porque supo infundir miedo y terror a veces, porque era capaz de hacer favores y de saber ofrecer sus servicios sin comprometerse, actuando siempre con discreción y cautela.
Fuente: Ramón Lugo Lovaton, Notas sobre Tomas Bobadilla Briones, Listín Diario, Sto Dgo, 13 y 29 de noviembre 1933, y la Nación, 14 y 22 de septiembre; 4, 20 y 29 de octubre 1946
Por espacio de sesenta años (1811 a 1881), el hombre terrible de las cámaras palaciegas presidenciales, confidente de todos los grandes mandatarios dominicanos, de algunos de Haití y otros de España: arca de misterios en las cosa públicas, Sargazo sin oleaje donde concurren a dialogar vidas y haciendas ajenas: faro de perversos y apoyo de revolucionarios; lente que, como ninguna otra enfoca con serenidad los problemas generales, y lupa colocada sobre el plano de la vida de todos los hombres.
Todo lo es Bobadilla; águila que se remonta y reptil que se arrastra; bálsamo que calma y veneno que corroe; luz que tranquiliza y sombras que espantan; calma que atrae y tempestad que mata.
Tomás Bobadilla Briones, el hombre de ayer, de hoy, de siempre, sin el no se puede contar la historia de la Nación Dominicana, en cada unos de los episodios está presente esta figura sin igual, sentado como un sacerdote pagano entre los altos picos de la fe en el ideal, lucha de luces y de sombras.
Hombre físicamente fuerte, espiritualmente acerado, sereno, calculador como una máquina de de pensar aplicada a la política. Catacumbas que atraen, océanos que se encrespan, cielos que se nublan. Este hombre es; mano que firma, voz que delata, ojos que escrutan, y cerebro que vigila. Era de aquellos hombres como decía José Martí, “se quedan despiertos cuando todos duermen”.
Goliat infatigable que cruza por el panorama político dominicano. Maquiavelo le hubiese dispensado el alto honor de su saludo.
Estamos en la presencia de uno de los hombres más extraordinarios, importantes, raros, y complicados de la historia nacional, cuya vida singularísima es casi desconocidos, aguarda paciente desde su desconocida y perdida tumba en Puerto Príncipe, Haití, el puesto que la posteridad ha de brindarle, para el bien o para el mal, o simplemente para el conocimiento de este hombre que tuvo un papel de primer orden en los acontecimientos que culminaron con la formación de la nacionalidad dominicana.
Tomás Bobadilla nació en el valle de Nayba el 30 de marzo de 1786, fueron sus padres: Vicente Bobadilla y Gregoria Briones, contrajo matrimonio civil en la ciudad de Santo Domingo, el 12 de marzo de 1832, con María Virginia Desmiet D´Olbreuse, mientras desempeñaba el cargo de Director de la Escuela Nacional. El matrimonio religioso tuvo lugar en La Catedral el día 30 del mismo mes.
Murió en el ostracismo, en la ciudad de Puerto Príncipe, Haití, el 21 de diciembre de 1871. Al cerrar sus ojos, llevaba la carga sobre sus hombros de 85 años de edad. A si terminaba la tenebrosa vida política es seis épocas distintas del acontecer de la República Dominicana: 1) España Boba, 2) Dominación Haitiana, 3) Estado Independiente de Haití Español,4) República Dominicana hasta 1860, y 5) Restauración y Periodo post restaurador hasta 1868 cuando se destierra a Bobadilla con el caído gobierno de Cabral.
Bobadilla, fue un hombre raro, complicado y enigmático. Su tarea política no logró nunca agotar ni su resistencia física ni su tremenda capacidad intelectual, valía, trabajando por varios hombres. Santana, le llamaba “Mi Ministro Universal”, Duarte, le llamaba con el caritativo irónicamente de “Pandora” pero lo consideraba un hombre extraordinario. La comparsa santanista le temía. Jiménez lo respetaba. Y desde los altos representante de la Iglesia Dominicana hasta los hombres más humildes del pueblo, lo miraban con mezcla de admiración y recelo.
Nadie como Bobadilla llego a sembrar durante las décadas en que actuara, mayores dudas y mejores esperanzas, porque supo infundir miedo y terror a veces, porque era capaz de hacer favores y de saber ofrecer sus servicios sin comprometerse, actuando siempre con discreción y cautela.
16 nov 2010
REFLEXIONES HISTORICA,


Reflexión Histórica
HAY QUE PRESERVAR EL NOMBRE DE LA VEGA
César Arturo Abréu Fernández
LA VEGA El 12 de marzo del 1494, habiendo partido Cristóbal Colón desde La Isabela y al mostrarse ante sus ojos la fértil llanura que hoy conocemos como Valle del Cibao, quedó grandemente impresionada y maravillada. Pero permitamos que sea el Padre Las Casas quien nos lo describa: “…la vista de ella es tal, tan fresca, tan verde, tan descombrada, tan pintada, toda llena de hermosura, que ansí como la vieron les pareció que habían llegado a alguna región del Paraíso, bañados todos de entrañable alegría, y el Almirante, que todas las cosas más profundamente consideraba, dio gracias a Dios y púsole nombre
LA VEGA REAL”. Posteriormente, conforme coinciden la mayoría de nuestros historiadores, el 8 de diciembre de ese mismo año, fundó a orillas del Río Verde y próximo al asentamiento indígena de El Guarícano, el fuerte que bautizó con el nombre de La Concepción de LA VEGA, en torno al cual se fue conformando la ciudad del mismo nombre. Años más tarde, por disposición de Bartolomé Colón, fue trasladada la ciudad media legua hacia el este, lugar de la actual Vega Vieja, pero conservando el mismo nombre.
Es en esa ciudad de La Concepción de LA VEGA donde se producen incontables primicias en América, irrumpiendo fuertemente el nombre de LA VEGA en la historia del Nuevo Mundo; entre esas primicias continentales cabe destacar: el bautismo de los primeros indios en el 1496; en el 1502 funden las primeras monedas; el primer monasterio en el 1503;
Fray Bartolomé de Las Casas oficia la primera Misa Nueva en el 1510 y ese mismo año Fray Pedro de Córdova predicará el primer sermón a favor de los indios; mediante la bula Romanus Pontifex, el Papa Julio II creó la diócesis de La Vega en 1511; de igual forma Fray Ramón Pané publicó el primer libro y se plasmó la primera pintura, entre otras tantas primicias de LA VEGA, que sería prolijo enumerar.
Cuando en el 1562 un terremoto destruyó la ciudad, sus habitantes se trasladaron hasta el lugar que hoy ocupamos, refúndanlo nuevamente la ciudad como La Concepción de LA VEGA.
En todos los casos y por extensión, se llamó LA VEGA a toda la región circundante bajo la influencia administrativa y religiosa de La Concepción de LA VEGA, tanto así que en el 1795, siendo la isla todavía colonia de España, se dividió en cinco partidos, los cuales eran: Santo Domingo, Santiago, LA VEGA, Azua y El Seibo. De igual manera lo hizo la Asamblea General haitiana del 1801, cuando fuimos invadidos por Toussaint Louverture, designando a LA VEGA como distrito.
Luego de la Reconquista y nuevamente bajo el dominio de España en el 1810, la parte española fue reconocida como una provincia de ultramar, compuesta por cinco partidos, siendo LA VEGA el Segundo Partido del Norte.
Al proclamarse la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844, la Junta Central Gubernativa, mediante decreto de fecha 24 de julio de ese mismo año, dividió el país en cinco departamentos con fines electorales, siendo el Departamento de LA VEGA uno de ellos. Posteriormente y al proclamarse la Primera Constitución de la República, el 6 de noviembre de 1844,
LA VEGA quedó consagrada como una de las cinco provincias originales del país, siendo las demás: Santo Domingo, Azua, Santiago y El Seibo. Aún más, al proclamarse en el año 1858 la Constitución conocida como la de Moca, LA VEGA es nuevamente ratificada como una de las cinco provincias que conforman la Nación.
Al producirse la anexión a España en el 1861, la Capitanía General del País lo divide en seis gobiernos, LA VEGA uno de ellos, con sus tenencias, comandancias de armas y puestos militares, contando LA VEGA con las tenencias Moca y Macorís, las comandancias de armas de Jarabacoa y Cotuí y los puestos militares de Cívico y Matanzas.
En el año 1880, nuevamente como República Dominicana, al proclamarse la Constitución del 18 de mayo, el país quedó dividido en cinco provincias, siendo LA VEGA nuevamente una de ellas con tres distritos.
La condición de provincia le es ratificada a LA VEGA en las Constituciones de 1895, 1907, 1935, hasta la fecha, incluyendo todas las modificaciones a las que ha sido sometida nuestra Carta Magna.
En el aspecto patriótico, el nombre de LA VEGA ha estado siempre asociado de manera decisoria a los más importantes acontecimientos nacionales. Así, el 4 de marzo del 1844, conjuntamente con contingentes de Jarabacoa y zonas aledañas, fue la primera población del Cibao en adherirse a la causa independentista, participando activamente en las batallas del 30 de marzo, Beller y Sabana Larga-Talanquera. De igual manera, el 26 de agosto de 1863,
LA VEGA fue la primera ciudad en pronunciarse valientemente y en armas a favor de la Restauración, después del Grito de Capotillo. En todas esas epopeyas, el nombre de LA VEGA estuvo en la mente, en el corazón y en los labios de sus héroes como timbre de orgullo.
Por otro lado, existe un sentimiento de arraigo o pertenencia, desarrollado por generaciones, que vincula a los seres humanos con el nombre y el lugar donde nacieron, donde sintieron el aire que respiraron; el agua que mitigó nuestra sed, la sombra que nos abrigó, las calles y caminos que recorrimos, etc.
Ello crea un cordón umbilical indisoluble, una empatía, una especie de energía de pertenencia con nuestro entorno y los nombres a él asociados, muy difícil, por no decir imposible, de romper; más aún en el caso de LA VEGA donde ese vínculo ha existido por más de quinientos años de sueños, anhelos y realizaciones.
El nombre de LA VEGA es el único que aún persiste en el país en una comunidad vigente, de los dados originalmente por Colón. Ello de por sí es una razón más que suficiente para preservarlo. Pero aparte de eso, hemos demostrado hasta la saciedad, la importancia histórica, religiosa y patriótica, eximiéndonos de entrar por ahora en los campos de la cultura, tradiciones, deportes y política, que acarrean el nombre de LA VEGA en la historia de América y en la conformación de nuestra nacionalidad.
Querer despojarnos del gentilicio de “vegano” sería como arrancarnos parte del alma. Pretender cambiarle el nombre a la Provincia de LA VEGA constituiría un flagrante desconocimiento y tergiversación de la historia y más que eso, una inaceptable aberración.
HAY QUE PRESERVAR EL NOMBRE DE LA VEGA
César Arturo Abréu Fernández
LA VEGA El 12 de marzo del 1494, habiendo partido Cristóbal Colón desde La Isabela y al mostrarse ante sus ojos la fértil llanura que hoy conocemos como Valle del Cibao, quedó grandemente impresionada y maravillada. Pero permitamos que sea el Padre Las Casas quien nos lo describa: “…la vista de ella es tal, tan fresca, tan verde, tan descombrada, tan pintada, toda llena de hermosura, que ansí como la vieron les pareció que habían llegado a alguna región del Paraíso, bañados todos de entrañable alegría, y el Almirante, que todas las cosas más profundamente consideraba, dio gracias a Dios y púsole nombre
LA VEGA REAL”. Posteriormente, conforme coinciden la mayoría de nuestros historiadores, el 8 de diciembre de ese mismo año, fundó a orillas del Río Verde y próximo al asentamiento indígena de El Guarícano, el fuerte que bautizó con el nombre de La Concepción de LA VEGA, en torno al cual se fue conformando la ciudad del mismo nombre. Años más tarde, por disposición de Bartolomé Colón, fue trasladada la ciudad media legua hacia el este, lugar de la actual Vega Vieja, pero conservando el mismo nombre.
Es en esa ciudad de La Concepción de LA VEGA donde se producen incontables primicias en América, irrumpiendo fuertemente el nombre de LA VEGA en la historia del Nuevo Mundo; entre esas primicias continentales cabe destacar: el bautismo de los primeros indios en el 1496; en el 1502 funden las primeras monedas; el primer monasterio en el 1503;
Fray Bartolomé de Las Casas oficia la primera Misa Nueva en el 1510 y ese mismo año Fray Pedro de Córdova predicará el primer sermón a favor de los indios; mediante la bula Romanus Pontifex, el Papa Julio II creó la diócesis de La Vega en 1511; de igual forma Fray Ramón Pané publicó el primer libro y se plasmó la primera pintura, entre otras tantas primicias de LA VEGA, que sería prolijo enumerar.
Cuando en el 1562 un terremoto destruyó la ciudad, sus habitantes se trasladaron hasta el lugar que hoy ocupamos, refúndanlo nuevamente la ciudad como La Concepción de LA VEGA.
En todos los casos y por extensión, se llamó LA VEGA a toda la región circundante bajo la influencia administrativa y religiosa de La Concepción de LA VEGA, tanto así que en el 1795, siendo la isla todavía colonia de España, se dividió en cinco partidos, los cuales eran: Santo Domingo, Santiago, LA VEGA, Azua y El Seibo. De igual manera lo hizo la Asamblea General haitiana del 1801, cuando fuimos invadidos por Toussaint Louverture, designando a LA VEGA como distrito.
Luego de la Reconquista y nuevamente bajo el dominio de España en el 1810, la parte española fue reconocida como una provincia de ultramar, compuesta por cinco partidos, siendo LA VEGA el Segundo Partido del Norte.
Al proclamarse la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844, la Junta Central Gubernativa, mediante decreto de fecha 24 de julio de ese mismo año, dividió el país en cinco departamentos con fines electorales, siendo el Departamento de LA VEGA uno de ellos. Posteriormente y al proclamarse la Primera Constitución de la República, el 6 de noviembre de 1844,
LA VEGA quedó consagrada como una de las cinco provincias originales del país, siendo las demás: Santo Domingo, Azua, Santiago y El Seibo. Aún más, al proclamarse en el año 1858 la Constitución conocida como la de Moca, LA VEGA es nuevamente ratificada como una de las cinco provincias que conforman la Nación.
Al producirse la anexión a España en el 1861, la Capitanía General del País lo divide en seis gobiernos, LA VEGA uno de ellos, con sus tenencias, comandancias de armas y puestos militares, contando LA VEGA con las tenencias Moca y Macorís, las comandancias de armas de Jarabacoa y Cotuí y los puestos militares de Cívico y Matanzas.
En el año 1880, nuevamente como República Dominicana, al proclamarse la Constitución del 18 de mayo, el país quedó dividido en cinco provincias, siendo LA VEGA nuevamente una de ellas con tres distritos.
La condición de provincia le es ratificada a LA VEGA en las Constituciones de 1895, 1907, 1935, hasta la fecha, incluyendo todas las modificaciones a las que ha sido sometida nuestra Carta Magna.
En el aspecto patriótico, el nombre de LA VEGA ha estado siempre asociado de manera decisoria a los más importantes acontecimientos nacionales. Así, el 4 de marzo del 1844, conjuntamente con contingentes de Jarabacoa y zonas aledañas, fue la primera población del Cibao en adherirse a la causa independentista, participando activamente en las batallas del 30 de marzo, Beller y Sabana Larga-Talanquera. De igual manera, el 26 de agosto de 1863,
LA VEGA fue la primera ciudad en pronunciarse valientemente y en armas a favor de la Restauración, después del Grito de Capotillo. En todas esas epopeyas, el nombre de LA VEGA estuvo en la mente, en el corazón y en los labios de sus héroes como timbre de orgullo.
Por otro lado, existe un sentimiento de arraigo o pertenencia, desarrollado por generaciones, que vincula a los seres humanos con el nombre y el lugar donde nacieron, donde sintieron el aire que respiraron; el agua que mitigó nuestra sed, la sombra que nos abrigó, las calles y caminos que recorrimos, etc.
Ello crea un cordón umbilical indisoluble, una empatía, una especie de energía de pertenencia con nuestro entorno y los nombres a él asociados, muy difícil, por no decir imposible, de romper; más aún en el caso de LA VEGA donde ese vínculo ha existido por más de quinientos años de sueños, anhelos y realizaciones.
El nombre de LA VEGA es el único que aún persiste en el país en una comunidad vigente, de los dados originalmente por Colón. Ello de por sí es una razón más que suficiente para preservarlo. Pero aparte de eso, hemos demostrado hasta la saciedad, la importancia histórica, religiosa y patriótica, eximiéndonos de entrar por ahora en los campos de la cultura, tradiciones, deportes y política, que acarrean el nombre de LA VEGA en la historia de América y en la conformación de nuestra nacionalidad.
Querer despojarnos del gentilicio de “vegano” sería como arrancarnos parte del alma. Pretender cambiarle el nombre a la Provincia de LA VEGA constituiría un flagrante desconocimiento y tergiversación de la historia y más que eso, una inaceptable aberración.
30 oct 2010
Origen de las fiestas Patronales de la Antigua en la



FOTOS: 1) Vista del Parque Duarte; 2) Ruinas de la Fortaleza la Cooncepcion; 3) Palacio Municipal; y 4) Cuadro de Nuestra Señora de la Antigua, este se encuentra en la Catedral Primada de América en Santo Domingo

Por Ubaldo Solís
La verdadera Patrona de la ciudad de la Concepción de La Vega, es la Inmaculada Concepción, del cual fue devoto Cristóbal Colón, quien fundara esta ciudad en 1494
Se desconoce hasta la fecha de hoy, el carácter en que se celebraban las Fiestas Patronales, en la antigua ciudad fundada por el descubridor del Nuevo Mundo, lo único que se ha podido saber es que estas se efectuaban el 8 de diciembre, con una especie de torneo hacían los caballeros, tomando unos el papel de moros y otros de cristianos, como se señala en proceso incoado al clérigo Álvaro de Castro por amancebamiento, al decir que este que tomada parte de estos actos sociales, no expresando con claridad que se hacia con motivo a la Patronales
Ocurrido el terremoto del 2 de diciembre del 1962, que destruyo esa población vegeta los pocos sobrevivientes se refugiaron en la margen del Río Camú, viviendo en sociedad pero muy modestamente en una aldea, que conservaba aún el titulo de ciudad, por la herencia Espicopal como sede del primer obispado de la Isla, aun que estaba unidos al Arzobispado de Santo Domingo
Es muy probable que los habitantes ubicados en el nuevo lugar donde en la actualidad se encuentra la ciudad de La Concepción de La Vega, no estuvieran en animo por haber pasado ese hecatombe de realizar festejos unos días después del desastre, el cual como hemos señalado fue el 2 de diciembre y la fiesta de la Inmaculada Concepción es el día 8 de diciembre.
Estos moradores de la antigua ciudad de La Concepción de La Vega, encontraron una ermita consagrada a San Sebastián Márti, quedando este como patrón menor de la reciente población (una imagen en madera de este Santo, se conserva en el Museo de la Catedral La Inmaculada Concepción de la ciudad de La Vega)
El notable Historiador Vegano, Don Manuel Ubaldo Gómez y Moya, al referirse a los principios de la actual ciudad de La Vaga, dice: ´´ esos primeros habitantes trajeron de la desaparecida ciudad algunos ornamentos y objetos, entre ellos dos cuatros de pintura al óleo, que fueron la Piedad y otro al que se le ha llamado La Antigua, que no más que la imagen de la virgen del Perpetuo Socorro, otras de las avocaciones marianas, según dicen, el más versado cronistas del pasado glorioso de La Vega, Don Jovino Espinola
Es bueno hacer resaltar que la virgen de La Antigua, no es patrona de nada en el país, no tiene una solo capilla consagrada a esta virgen, como hincamos al inicio la real y verdadera patrona de la ciudad de la Concepción de La Vega, es la Inmaculada Concepción,
Para el 1563 no hay reseña de esa época donde indiquen la celebración de fiestas alguna de celebración de patronales, pero tampoco aparece en el informe de la visita hecha a esta ciudad en 1680 el Arzobispo de Santo Domingo, Fernández de Navarrete, ni mucho menos en el informe de otro prelado Domingo Álvarez de Abreu, que visito La Vega, en 1739, no hay nada que indique de Fiestas Populares en honor de Nuestra Señora de La Concepción.
En el informe que hiera en 1822, el padre Pablo Francisco Amezquita y Lara a petición del gobernador haitiano Placide Lebrún, (sobre este personaje muy progresista, su corazón se encuentra enterrado en medio del Parque Duarte, depositado en una caja de plomo, a partición suya que dijo quieres que su corazón reposara en el Parque de ciudad de La Vega), no se refiere a estas fiestas, a pesar que de otras noticias e informaciones religiosas
Tampoco hace referencia en su novela Histórica, ´´Rufinito´´, Don Federico Garcí Godoy, de La Vega de entonces o a media del siglo XIX, sólo incluye noticias sobre las fiestas de Nuestra Señora de la Mercedes en el Santo Cerro, al decir que era de las pocas distracciones que tenia el vecindario así como de las patronales del pueblo que se suponen so las de la Inmaculada Concepción
Es para el 1873, parece ser comienza a celebrarse las fiestas de Nuestra Señora de la Antigua, aún estas se inician con un carácter religioso, como se puede advertir en la letra que para una salve escribiera el Licenciado Cristóbal José Moya y Padrón, fundador de la rama vegana de la familia Moya, la cual dice :
´´ De Antigua Vega fuiste
Trasladada a esta ciudad
Cuándo la fatalidad
´´ De aquel terremoto triste
´´ Allí protectora fuiste
´´ Aquí nuestro consuelo eres
Tu auxilio a todos asiste
Lo que si se puede afirmar con carácter de veracidad que en las postrimerías del siglo XIX, había celebración popular de La Antigua, en la ciudad de La Concepción de La Vega. Hay una décima que se le atribuye a Nicolás Joaquín Gómez y dice.
´´ Ta…… tá…quien es?
Abre la puerta!
Y el ruido que sintió?
La Antigua respondió:
Yo soy centinela alerta:
Está la gente despierta?
Hay algo que acontezca?
Que toda la gente, toda,
Pongan ramos, como es
Moda
I luces cuando anochezca
Por el tenor de este cantar se ve que en La Concepción de La Vega festeja a nivel de pueblo a su nueva Patrona: La Antigua, pues se habla de ramos y luces, así como de disposición para dar rienda suelta a la alegría. A pesar que nuestro más grande cronista de la costumbres de el pueblo vegano, Don Jovino Espinola, manifiesta que al terminar el siglo XIX, y por el comienzo del XX , 1900, se celebraban la fiesta populares de la Inmaculada Concepción, patrona oficial,
expresando el ilustre munícipe, que en tal ocasión, la última en hacerse , fue de mucha alegría del pueblo, que externara en ese diciembre, pues fueron muchos los adornos de las calles a base de guirnaldas de papel de color y las matas de pino y de otras variedades plantadas en dichas vías, como también bailes de día y de noche tanto con músicos de cuerdas como de viento, acordeón, humorísticas comparsas, dividiendo en cuarteles la ciudad para rivalizar en presentación ornamental y regocijo.
Para el siglo XX, los festejos eran para La Antigua,
Fuente,
Escrito de Don Mario Concepcion
27 oct 2010
HISTORIA DEL PARQUE DUARTE DE LA CIUDAD DE LA VEGA.





HISTORIA DEL PARQUE DUARTE DE LA CIUDAD DE LA VEGA.
Fotos 1- Parque Duarte, 2 Don Manuel Ubaldo Gómez, 3 Emilio García Godoy, 4, Don Mario Concepcion y 5, Zoilo Hemógenes García
Fotos 1- Parque Duarte, 2 Don Manuel Ubaldo Gómez, 3 Emilio García Godoy, 4, Don Mario Concepcion y 5, Zoilo Hemógenes García
LA VEGA. Su fundación se remonta al nacimiento de la ciudad, el cual estaba ubicado en unos terrenos, que según algunos estudiosos de la historia de La Vega, pertenecían a una señora de nombre Juana Núñez, otros señalaban que pertenecía a una señora llamada Boca Negra.
Don Manuel Ubaldo Gómez, en su obra LECCIONES DE HISTORIA PATRIA, hace referencia que en los albores del levantamiento de la ciudad a la orilla del Río Camú, establecida donde en la actualidad se encuentra había una ermita dedicada a San Sebastián, y en ese lugar se levantó la plaza la cual alcanzó categoría de plaza de armas.
Durante la gobernación del general Haitiano Placide Lebreum, (1822-1826) cuyo corazón se encuentra sepultado en una caja de plomo en medio del Parque Duarte, quien pidiera ser sepultado en ese lugar. Lebreum, fue quien construyo la plaza de armas denominándola “ALTAR DE LA PATRIA”, haciéndolo durante la ocupación haitiana. En nombre de la libertad sembrándole una mata de palma real.
Para el año del 1875, según consta en documento del cabildo siendo presidente de éste Don Casimiro de Moya y Portes se construyeron alamedas alrededor de la plaza de armas.
Bajo la presidencia del ayuntamiento vegano de Alejandro Adolfo Nouel y Bobadilla, en 1897, fue remodelada la plaza de armas, colocándole un enverjado perimetral, bancos de hierro recobrando nuevos aspectos, por tal razón la Sala Capitular le cambió el nombre por el de PARQUE CENTRAL Y DE RECREO, instalándose la glorieta la cual fue traída desde Italia.
En 1911, el Ayuntamiento presidido por Don Olimpo Martínez, dispuso la pavimentación del parque cambiándole el nombre por el de PARQUE DUARTE, el cual fue de gran aceptación por la población ya que este era en honor al fundador de nuestra nacionalidad. Así mismo en 1920, se instaló el alumbrado eléctrico y en el 1928, se levantó el busto al eminente literato y educador Don Federico García Godoy.
Desde la callad de Trujillo, el Parque Duarte, de La Vega, a sufrido tres remodelaciones, 1963,1985 y 2002.(ésta última realizada a un costo superior a los tres millones de pesos, donde fue dotado de un sistema de alumbrado confeccionado en exclusiva por una empresa española, resistente a cualquier clima garantizada contra la corrosión, no necesitando mantenimiento, además fue dotada de una planta eléctrica y cisterna).
ESCENARIO POR EXCELENCIA DE LOS VEGANOS PARA ACTIVIDADES PÚBLICAS
El Parque Duarte, a sido a través de los años utilizado por los veganos para las grandes demostraciones según lo expresa Don Jovino Espinola, (fue el lugar donde la juventud de principio del siglo XX, se daban cita en las tardes y noches, allí donde hombres de ciencias, literatos, médicos, farmacéuticos, ingenieros, artistas, periodistas, poetas, y teólogos discutían gentilmente puntos universales. MECA DEL SABER HUMANO
Entre los contertulios que acudían al parque se encontraban.
Don Joaquín A. Robiau, Alfredo Scoraina (ingeniero Italiano), Hemógenes García, , Julio Agustín Fernández, Carlos María Sánchez, Federico García Godoy, Don Manuel Puello Acosta, Pedro Bustamante, los médicos. MANUEL Morillo King, José Francisco García, Narciso Alberti Bosch, entre otros.
Con anterioridad a las tertulias culturales de la intelectualidad vegana, se presentaban desde el mediado del siglo XIX, las famosas retretas dominicales primero a cargo de la banda militar y a partir del 1882, a cargo de la banda de músicos auspiciadas por la Sociedad la Progresista bajo la dirección de músico José Curbelo, quien legó al pueblo vegano su famosa pieza DESPERTANDO A LA VEGA, mejor conocida como LA ALBORADA.
Los actos festivos, culturales y religiosos han galardonado el parque, como también el carnaval desde que este pasara del salón a callejero. En este lugar de recreo se aprecian todo tipo de creaciones convirtiéndolo en un sitio de preeminencia de esta ciudad.
Origen y Evolución de la actual ciudad de La Concepción de La Vega




La actual ciudad de la Concepción de La Vega, fundada a orilla del que fuera en un tiempo el caudaloso Río Camú, él que bordeaba como guitarra arabesca todo el entorno de esta urbe. Surgió de un caserío de improvisadas casuchas de chagua, tablas de palma y tejas, levantado por familias sobrevivientes de la destrucción del terremoto de diciembre de 1562, que destruyo la abandonada Villa de la Concepción.
Otra parte de los aterrorizados pobladores huyeron hacia Santiago, sin darse cuenta que también la Villa de Santiago corrió la misma suerte que la Concepción.
Estos pobladores, se apropiaron socialmente de un espacio donde reprodujeron las costumbres, valores y usos de sus antepasados. Dedicaron todos sus esfuerzos de sobreviviente a la actividad agropecuaria, como consecuencia de ellos ésta población y sus alrededores se consagraron a este importante renglón de la producción.
Pese a la marginación, la opresión y los anquilosamientos dentro del contexto en que vivía la colonia. Los cuales los pobladores de la antigua metrópolis no tenían recursos para avanzar más allá de lo que la autarquía impone
El proceso evolutivo, fue muy lento y sus moradores tuvieron que soportar las embestidas de la naturaleza que como un presagio le perseguía, nuevos terremotos, incendios y destrucción caían sobre sus residentes constituyendo a provocar la emigración o la dispersión de la población.
Pasando los años, y en el tiempo de la dominación haitiana, el poblado principal de la Ciudad de La Vega, se encontraba concentrado al rededor de la Plaza de Armas lo que hoy es el Parque Duarte. Décadas más tarde, sus pobladores habían participado en los hechos gloriosos de la proclamación de la Independencia Nacional y su participación activa en los sucesos de la Primera República. Estos da a indicar que sus habitantes estaban relativamente cohesionados en torno a intereses comunes.
Para el 1871, en una ilustración que publicara Samuel Harzard, sobre La Vega de entonces, muestra un caserío de bohíos muy pobres, aunque él encontró que las casas de maderas estaban muy bien construidas y la disposición en ángulos rectos de las calles la que le daba una impresión de urbana.
Sin embargo el grabado presenta, que estaba rodeadas de insalubres lagunas, no quitando que hubieses un grupo de personas acomodadas y de ricos comerciantes, pues en 1846 los veganos se habían quejado ante el Presidente Santana, por la competencia de los comerciantes judíos.
El historiador H. Hoetink, en su obra “El Pueblo Dominicano 1850-1900. Apunte para la Sociología Histórica, segunda educción UCMM, Santiago, Rep. Dom, julio 1972, pág. 85, dice “Un ejemplo típico de estancamiento de una ciudad en este periodo, lo constituye la muy antigua ciudad de La Vega, a pesar de su situación en el fértil Cibao. En 1871 hizo con su (demasiado) grande Catedral, sus avenías de acceso sembradas de gramas, sus calles que se cruzaban en ángulos rectos, sus casas de maderas bien construida. Le ocasionó a Hazard, una verdadera impresión
Su población en ese entonces de 3,000 habitantes, y treinta años después, cuando contaba con 21 calles paralelas y 73 manzanas, no tenias más de 3,406 pobladores,( Listín Diario, 8 de junio de 1899; el censo de 1898.)
Este estancamiento fue atribuido a un castigo del Gobierno Presidente Heureaux (Lilí), a la ciudad, por el papel que esta juzgó en la revolución de 1886 bajo el liderazgo de un miembro de la distinguida familia de Moya. (Obra, Hostos en Santo Domingo, cit. I. 291) pero contra ideas de la ciudad vencida, puede deducirse el hecho que fue en la administración de Ulises Heureaux fue La Vega, escogida como punto de partida del Ferrocarril Sánchez-La Vega
Una explicación más probable del estancamiento de La Vega, el hecho de que en el Cibao, la función de Santiago como centro regional no necesitaba ser duplicada; mientras que en la región circundante a La Vega, el papel del centro de menor escala le correspondió a Moca, la cual situada entre La Vega y Santiago, podía abátasele más fácilmente de Santiago. Así la mano del progreso distribuía automáticamente sus dádivas de manera aparentemente caprichosa
Fuentes:
El historiador H. Hoetink, en su obra “El Pueblo Dominicano 1850-1900. Apunte para la Sociología Histórica, segunda educción UCMM, Santiago, Rep. Dom, julio 1972, pág. 85
Alfredo R. Hernández, “Visión General del Carnaval Vegano”, Documento para Discusión s/f. pág. 5
Listín Diario, 8 de junio de 1899.
16 oct 2010
Las Ruinas de la Concepción de La Vega Real
Las Ruinas de la Concepción de La Vega Real
Por considerar que este trabajo del Dr. Guido Despradel, reviste un gran valor en lo concerniente al tema que trata sobre las Ruinas de La Concepción de La Vega. Considerando que en agosto del 2011 se cumplen los 500 años de la fundación del Obispado de La Vega, y que hay una gran celebración para tal memorable fecha.
A sabiendas el descuido, la indiferencia, la apatía, la dejadez el abandono a que ha estado sometido este inició de la historia de América por parte de las autoridades Nacionales, Provinciales y Municipales, como consecuencia tal vez de el desconocimiento del valor que esta piedras representan para la humanidad.
Sin temor a equivocarme puedo afirmar que somos el único pueblo del mundo civilizado que hemos cometido este crimen contra la historia de América y el mundo, ya que no hemos sido capaz de preservar con dignidad esta legado
Por ellos hemos querido reproducir integro este trabajo del Dr. Despradel, como un grito de alarma para que en algo reparemos el daño hecho, al cumplir la Diócesis de La Vega, el medio milenio y que se están haciendo los aprestos para su celebración. Y estas ruinas serán parte importante en este acontecimiento histórico para este pueblo.
A continuación lo expresado por el Historiador vegano, sobre las Ruinas de la concepción. Hay que resaltar que él escribe este articulo motivado por el que también escribiera sobre ello el periodista, escritor y comandante del Ejército Libertador de Cuba, Lorenzo Despradel “Muley”, titulado “ La Concepción de la Vega Real, el florón glorioso de la recia Conquista”, estos dos trabajos dan carácter de permanente actualidad en su conceptuosas consideraciones sobre la inconformidad ………………………………
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Al margue: de Ubaldo Solís:
A 63 años de haber sido publicado, las condiciones sobre las ruinas de La Concepción de La Vega Real, son las mismas y quizás perores, el analfabetismo, la ignominia, el desconocimiento añadiendo la poca voluntad de las autoridades que hemos tenidos los veganos en estos 63 de haberse publicado este artículo, que no le importa nada lo que fueron esta ruinas, el cerebro no le da la capacidad de pensar sobre ella. Hay la dolorosa convicción de las autoridades municipales y provinciales que hemos tenidos que lo relacionado a la cultura, no le produce voto. Que es lo que buscan, lo que le importa. Esto es simple de comprender ellos los políticos que nos hemos gastados los veganos, son tan estrecho de mente y de pensamiento que en un porcentaje muy elevado, desconocen total o parcial lo relacionado con esas ruinas, y no saben él porque eso está ahí. El analfabetismo cultural de nuestro política racha en lo inconcebibles, desconocen todo, por ellos no le interesa
Fuente: Guido Despradel Batista, Obras. Tomo II. Archivo General de la Nación. Volumen LXXXVI. Compilación de Rafael Hernández, Santo Domingo, 2010. Pág.117 y sig.
Nota: este articulo fue publicado por el Periódico Renovación, II: 26, La Vega, 15 de febrero de 1937.
A sabiendas el descuido, la indiferencia, la apatía, la dejadez el abandono a que ha estado sometido este inició de la historia de América por parte de las autoridades Nacionales, Provinciales y Municipales, como consecuencia tal vez de el desconocimiento del valor que esta piedras representan para la humanidad.
Sin temor a equivocarme puedo afirmar que somos el único pueblo del mundo civilizado que hemos cometido este crimen contra la historia de América y el mundo, ya que no hemos sido capaz de preservar con dignidad esta legado
Por ellos hemos querido reproducir integro este trabajo del Dr. Despradel, como un grito de alarma para que en algo reparemos el daño hecho, al cumplir la Diócesis de La Vega, el medio milenio y que se están haciendo los aprestos para su celebración. Y estas ruinas serán parte importante en este acontecimiento histórico para este pueblo.
A continuación lo expresado por el Historiador vegano, sobre las Ruinas de la concepción. Hay que resaltar que él escribe este articulo motivado por el que también escribiera sobre ello el periodista, escritor y comandante del Ejército Libertador de Cuba, Lorenzo Despradel “Muley”, titulado “ La Concepción de la Vega Real, el florón glorioso de la recia Conquista”, estos dos trabajos dan carácter de permanente actualidad en su conceptuosas consideraciones sobre la inconformidad ………………………………
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Al margue: de Ubaldo Solís:
A 63 años de haber sido publicado, las condiciones sobre las ruinas de La Concepción de La Vega Real, son las mismas y quizás perores, el analfabetismo, la ignominia, el desconocimiento añadiendo la poca voluntad de las autoridades que hemos tenidos los veganos en estos 63 de haberse publicado este artículo, que no le importa nada lo que fueron esta ruinas, el cerebro no le da la capacidad de pensar sobre ella. Hay la dolorosa convicción de las autoridades municipales y provinciales que hemos tenidos que lo relacionado a la cultura, no le produce voto. Que es lo que buscan, lo que le importa. Esto es simple de comprender ellos los políticos que nos hemos gastados los veganos, son tan estrecho de mente y de pensamiento que en un porcentaje muy elevado, desconocen total o parcial lo relacionado con esas ruinas, y no saben él porque eso está ahí. El analfabetismo cultural de nuestro política racha en lo inconcebibles, desconocen todo, por ellos no le interesa
Fuente: Guido Despradel Batista, Obras. Tomo II. Archivo General de la Nación. Volumen LXXXVI. Compilación de Rafael Hernández, Santo Domingo, 2010. Pág.117 y sig.
Nota: este articulo fue publicado por el Periódico Renovación, II: 26, La Vega, 15 de febrero de 1937.
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